martes, 6 de febrero de 2018

Un poema de Christopher Soto (aka Loma)

"Rework", publicado en Feminist Wire.

REELABORACIÓN

Tu padre nunca quiso ser un "mal hombre", lo que sea que eso signifique. Pero aquí no estamos discutiendo intenciones. Los agujeros en las paredes están cubiertos con retratos de familia. Te arrebatan tus andrajos y te informan que  no mereces nada, que eres nada. Lo que discutimos es la diferencia entre lo no dicho y lo dicho (o más bien, lo que está escondido y lo que está expuesto). Tus genitales cuelgan de los pantalones desabrochados y la policía llama perverso al trabajo sexual. La policía le disparó a otro chico moreno pero sólo es parte del trabajo. Muy bien, volvamos al punto. Rory fue tu primer amor. Tu padre no quería ser un "mal hombre". Perdiste la cuenta de las quemaduras de cigarro anudadas en la alfombra de tu madre y las muñecas. Ella nunca supo si debía irse o quedarse. Había una manera en que la opresión se normalizaba; por la que el sentimiento de liberación había sido olvidado hacía tiempo; por la que todo giraba en torno al capital. Pero ya no te alcanza para quedarte en casa de tu padre. No te cobran renta y algunas noches piensas que te va a matar cuando duermes. El lenguaje es donde la lengua se falla a sí misma una y otra vez. Rory dijo que él te amaba pero que no caminaría contigo de la mano en público. Y deseaba tanto que se terminara el dolor, pero nunca se fue, se quedó con la gente que lo amaba. Durmiendo en la privacidad de su auto, Rory te abrazaría, como una cuerda atada a un ventilador. Todos pensamos que moriríamos jóvenes, y algunos lo hicimos. Pero ese no es el punto. Te graduaste de la universidad y esas historias ya están muy lejos de ti. ¿Puedes fingir que el tiempo es linear? Que la memoria no se manifiesta en cada objeto que ves. De noche, mientras estás sentado en la cama, tu amante se da vuelta para desabrocharse el cinturón. Para que no veas a tu padre desabrocharse el suyo.

/versión de Javier Raya/

***
REWORK

Your father never intended to be a “bad man,” whatever that means. But intent is not the issue that we are discussing. The holes in the walls are covered with family portraits. Your cloths are stripped and you are told that you deserve nothing, are nothing. What we are discussing is the difference between the unsaid and the said (or rather, what is hidden and what is exposed). Your genitals hang from unzipped pants and the police call sex work perverse. The police shoot another brown boy but that’s just part of the job. Okay, let’s get back to the point. Rory was your first love. Your father did not mean to be a “bad man.” But you lost count of the number of cigarette burns knotted into mother’s carpet and wrists. She never knew whether to stay or whether to go. There was a manner by which the oppression was normalized; by which the feeling of liberation was long forgotten; by which everything revolved around capital. But you could no longer afford to stay in your father’s home. There was no rent control and some nights you thought that he would kill you in your sleep. Language is where the tongue fails itself over and over again. Rory said that he loved you but would not hold your hand in public. And he wanted so bad to end the pain, but it never went away, it stayed with the people that loved him. Sleeping in the private of his car, Rory would hold you, like a rope tied to a ceiling fan. We all thought that we would die young, some of us did. But that is not the point. You have graduated from college now and these stories are far behind you. Can you pretend that time is linear? That the memories do not manifest themselves in every object that you pass. At night, when you’re sitting on the bed, your lover turns to unbuckle his belt. So that you won’t see your father unbuckling his.

sábado, 3 de febrero de 2018

La escritura de Hugo García Manríquez, o del arsenal como archivo

Formas de vida y formas de muerte se pasean cotidianamente por la retina.
Roberto Bolaño


El adversativo del título puede parecer engañoso: uno u otro, el autor o su lógica. El nombre importa. Y en el caso de un escritor, más que la resonancia misma del nombre, importan las apuestas contraídas en ese nombre, es decir, en esa garantía. En el caso del último poema de Hugo García Manríquez (HGM), Realismos (web, 2017, de próxima publicación en el universo 1.0 de papel), la investigación comenzada en Anti-Humboldt. Una lectura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Aldvs) como la radicalización no de la escritura, sino de la lectura, del uso literario del archivo, incluso, del texto legal, donde literario quiere decir una potencia que depende del lector, parece corresponder también a la potencia de una lectura literaria sobre los textos que cifran la historia reciente, concretamente la historia de México.

Y es correspondiente también con un estado de cosas (un enrarecido clima político, una crisis de violaciones de derechos humanos, crimen organizado rampante, pocas posibilidades de un verdadero diálogo crítico entre actores culturales, etc.) la cual no es fácilmente susceptible de volverse relato, especialmente en una época de hipocresía y fake news, donde lo literario deviene inofensivo a fuerza de normalización, por la fuerza del patrocinio o del uso oficial de la palabra. Las operaciones estéticas lidian en esa frontera difusa, demasiado cercana y demasiado inasible a la vez, donde las prácticas sociales topan con el callejón sin salida de su legibilidad. Se dice que el texto que compone un poema es “hermético”, difícil, por decir lo menos, complicado. Horizonte de lectura que comparte el poema con los tratados de derecho internacional, con las leyes que configuran los márgenes de acción de los integrantes de una sociedad. Dificultad del lector/ciudadano de nuestros días, año 18 del siglo XXI: ni los poemas ni las leyes le dicen nada. Y al no decirle nada lo confrontan con el límite de la decibilidad: de la conmoción del poema a la vez que del sentido de la ley como garante de la vida humana.

*

Este índice de legibilidad o de sentido me recuerda una broma repetida por el filósofo Slavoj Zizek cuenta que en numerosas conferencias y libros, una de cuyas versiones es esta:

En un viejo chiste de la difunta República Democrática Alemana, un trabajador consigue un trabajo en Siberia; consciente de cómo toda la correspondencia sería leída por los censores, le dice a sus amigos: “Vamos a establecer un código: si la carta que les mando está escrita en tinta azul normal, es verdadera; si está escrita en tinta roja, es falsa.” Luego de un mes, sus amigos reciben la primera carta, escrita en tinta azul: “Todo es maravilloso aquí: las tiendas están llenas, la comida es abundante, los departamentos son grandes y con calefacción afecuada, los cines pasan películas occidentales, hay muchas chicas hermosas listas para la aventura –lo único que no se consigue es tinta roja.”

¿Y no es esta nuestra situación hoy en día? Todos tenemos las libertades que queremos –lo único que falta es la “tinta roja”: nos “sentimos libres” porque nos falta precisamente el lenguaje capaz de articular nuestra falta de libertad [unfreedom]. Lo que esta falta de tinta roja significa es que, hoy en día, todos los términos principales que utilizamos para designar el presente conflicto --“guerra contra el terror”, “democracia y libertad”, “derechos humanos”, etc.-- son falsos términos, que mistifican nuestra percepción de la situación en lugar de permitirnos pensarla. La tarea de hoy es darle a los manifestantes tinta roja.”


*

Frente a la ilegible realidad mexicana de una guerra no declarada que, sin embargo, sigue cobrando muertxs, desaparecidxs, y desplazadxs, el texto de la justicia revela su impotencia. Frente a la realidad desbordante de una guerra sin guerra, de una ley sin ley, el poema se vuelve no una forma de escribir, sino de leer. La producción de una forma de leer nueva, más que la escritura misma que le confiere posibilidad/materialidad a lo leído, es la operación propiamente estética, el surgimiento de una nueva subjetividad, de un nuevo sujeto: lo propiamente poético es una nueva forma de vida, como si de un organismo nuevo se tratase.

La idea (¿el tema?) de la forma de vida y la extinción se encuentra presente ya en Los materiales (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008):

Carrizos, grandes masas oscuras cargadas
Negras /

Lirios de una orilla a otra meciéndose /
Una forma de vida sostenida

............(p. 35)

Así como en:

cielo de tiépolo/ en las costillas
de noviembre
sembrado de citas

dónde se deposita el excedente de nosotros
como historia

sobre la superficie,
dices, donde se escribe lo que se escribe

historia es la única materia que excreta
eso que muere

(p. 41)

Ya desde este libro, publicado hace 10 años, HGM asienta la materia prima (los materiales, en efecto) para un proyecto de escritura que es, valga la aparente tautología, un proyecto de lectura. Una lectura tal que nos confrontaría con el hecho de que una guerra declarada no es menos guerra, capaz de llevarnos por los entresijos de los tratados internacionales en los que supuestamente se sustentan las formas de vida sociales sólo para subrayar, remarcar, y resaltar “sobre la superficie (...) donde se escribe lo que se escribe (...) eso que muere”, esa unfreedom para la que carecemos de una tinta roja; una maniobra de lectura capaz de mostrarnos lo demasiado evidente, el tipo de violencia más normalizado que pueda existir: las leyes mexicanas y su codificación de formas de vida subordinadas política, económica, militar y culturalmente. Una dispositivo de lectura que nos permite leer lo que no se puede escribir, aquello de lo cual no se puede hablar: el hecho de que, si no existe en México una declaración de guerra como tal (esto es, un texto que indique claramente la naturaleza de un conflicto armado, sus oponentes, los términos del cese al fuego, las capitulaciones, etc.), no quiere decir que la guerra de la última década no haya tenido lugar, para utilizar un tópico de Baudrillard, ni que una guerra sea menos guerra si deja a su paso un rastro, o en palabras de HGM, “una cartografía de intersecciones entre posicionalmientos, personales y colectivos de diáspora del hemisferio”; esa cartografía (mencionada en el texto con el que el autor cierra Anti-Humboldt, página 73 de la edición de Litmus Press/Matadero) también puede describirse como una forma de leer el archivo atroz en el que se basa la subordinación económica de México y Latinoamérica hacia Estados Unidos a través del TLCAN.

Pero una vez descubierto el dispositivo de lectura, HGM se aparta del artefacto poético (suerte de pieza de arte contemporáneo o word art que interviene estéticamente el texto del TLCAN), aunque no de la maniobra del archivo, en la que parece leer las condiciones de una subordinación que sugiere la extinción en masa de una forma de vida, concretamente la humana.

*

En Realismos, HGM trata de construir lo que llama “indexicalidades” a partir de la confrontación y superposición de varios códigos o lenguajes simultáneos: el de la crítica de arte y cultural con el de la memoria y el relato, y estos a su vez con la descripción técnica de otro tipo de objetos que podrían considerarse “no líricos”, como las partidas presupuestarias de la Secretaría de Defensa Nacional, que el autor (¿devenido editor/lector?) invita a considerar como una continuidad susceptible de ser indexada, organizada en un mecanismo burocrático, sistematizada a través de operaciones estéticas, en fin, leída. En el quinto apartado de Realismos, HGM escribe:

Un poema es parte documental
parte infierno

Pero primero algo
sobre nuestras vidas privadas

Algo sobre extracción

El presupuesto de la Sedena

a favor de la abstracción

a favor de la forma

a favor de la libertad:


2007= 32 mil 200 millones, 896 mil 500 pesos
2008= 34 mil 861 millones, 005 mil 900 pesos
2009= 43 mil 623 millones, 321 mil 860 pesos
2010= 43 mil 632 millones, 410 mil 311 pesos
2011= 50 mil 039 millones, 456 mil 571 pesos
2012= 55 mil, 610 millones, 589 mil 782 pesos



La frialdad de las cifras contrasta a su vez con la descripción pormenorizada del palacio de Bellas Artes, conformada a su vez por el tono arquitectónico descriptivo en tensa continuidad con el arsenal de la Sedena; así, por ejemplo, HGM nos invita a leer en la contabilidad y el inventario del archivo físico del Estado (de las partidas presupuestarias asignadas al gasto en armamento militar y del símbolo arquitectónico de la cultura oficial por excelencia), una lógica común; el poema no es ni pretende ser su solución dialéctica, sino simplemente explorar la cartografía del campo de batalla, restituir a lo legible los términos del conflicto en que nos encontramos; los materiales de esta lectura no son los discursos propios de la política, sino los de la aparente neutralidad del inventario, de la cifra estadística, del modelo pedagógico implícito en el catálogo, el noticiero y el libro de poemas en sus acepciones más inofensivas, con resultados muy diferentes:

El Palacio de Bellas Artes fue inaugurado 
de forma oficial el 29 de septiembre de 1934
 con la obra teatral 'La verdad sospechosa'
 de Juan Ruiz de Alarcón

La lámpara circular en el techo de la sala principal,
diseñada por el húngaro Geza Marotti
representa al dios griego Apolo y está rodeada
por el Sikorsky UH-60 Black Hawk
para Ataque,
Escolta y Reconocimiento

La lámpara circular está rodeada
por las importaciones de armamento
de México que crecieron un 300%
en el período 2011-2015.

La lámpara circular está rodeada 
por los 212 mil 208 efectivos de la Sedena

y está rodeada por los 18 helicópteros 
Cougar EC725

con valor de 27.5 millones de euros, unos 500
millones de pesos

La lámpara circular es indistinguible de los
695 Vehículos blindados de combate 
y las 362 Aeronaves y de los 143 Buques.

A un lado la historia
Nuestra propia indexicalidad


El palacio de Bellas Artes puede leerse, así, como una máquina de guerra por otros medios, y el inventario de la Sedena, con la misma frialdad pragmática con la que lleva el inventario de una bodega de libros o del vestuario de una compañía de teatro. Y es a través de los mismos recursos estilísticos que Realismos se mueve al terreno de la extinción o amenaza de extinción de 221 animales que viven en territorio mexicano. Al jugar con la inversión estratégica de términos como “extinción” y “liberación”, HGM reelabora el tópico ilustrado de la posición del ser humano con respecto al universo como una cuestión no saldada, algo así como el punto de inflexión donde la retórica del proyecto civilizatorio se enfrenta con el colapso de su real(ismo), es decir, con su desaparición, como su ausencia, o para decirlo de otro modo, con su insignificancia, propiamente, con su imposibilidad para significar. Ser hablante sin palabra, el sujeto a quien protegen esas cifras y a quien culturizan esos palacios es un sujeto sin tinta roja para señalar exactamente dónde termina su libertad y dónde comienza su subordinación.

*

Las construcciones humanas, desde la palabra hasta la máquina de guerra, incluidas las formas de archivar y reproducir la memoria común (eso que llamamos Historia), pueden pensarse lateralmente como una gran entrada y salida en y al lenguaje desde el lenguaje; al entrar en el lenguaje –como al entrar en la vida una forma, sea un ocelote, una ballena, un lobo o un ser humano que escribe un poema– entramos también en un proceso entrópico, sin vuelta atrás; ahí donde la mímesis, el crédito a la palabra deja de funcionar, HGM apuesta por una documentación de la extinción, si bien no abiertamente por la sobrevivencia, en una lectura literaria de lo más literal, del lenguaje de las partidas presupuestarias, de las cifras estadísticas, del catálogo y bestiario de los nombres científicos de las especies en peligro de extinción: se trata de ver ese hueco significante donde podemos leer la silueta de nuestra propia salida del lenguaje, de la forma específica en que, durante la presente fase de nuestra historia (capitalismo tardío, antropoceno, “era de la información”), los seres humanos hemos dejado de comunicarnos entre nosotros. El poema, así, replica el realismo de la incomunicación, de la ilegibilidad de nuestros propios códigos y normas:

El colapso de 27 columnas 
como el colapso progresivo del Cabassous
centtrralis se extiende
piso a piso hasta el
Ocelote Leopardus pardalis

Se extiende hasta el silencio alrededor del Tejón
o tlalcoyote jeffersoni
(Taxidea taxus jeffersoni)
        
           La orilla 
           el peso de lo concreto
           su liberación


*
Al plantear caminos de continuidad y discontinuidad con otros hitos de vanguardismos de retaguardia, la obra de HGM se plantea no tanto como una carrera aditiva de títulos, sino como una exploración sobre los confines de la legibilidad, especialmente del espacio literario cuando se ve confrontado por una realidad para la cual no cuenta aún con un lenguaje para describir. He tratado de subrayar y señalar apenas algunas de estas exploraciones y conexiones en este breve texto. Más que una reseña de Realismos (proyecto interrumpido en septiembre de 2017 por los penosos eventos del día 19), quise preguntarme acerca de algunos “momentos constantes” en la producción poética de HGM, aunque un estudio más detallado debería tomar en cuenta a su vez su trabajo como traductor. Como una visión de conjunto, la forma de vida presente en la escritura de HGM sugiere una subjetividad en resistencia frente a las expectativas del lector, o frente a lo que se le ofrece como producto cultural; una confrontación con los supuestos de base de su propia legibilidad de la realidad, misma que la literatura, en los momentos en que puede llamársele tal, consigue expresar a su vez las tensiones y resistencias en las que participa el lector. La resistencia, en este caso, consiste en dar por sentada la permanencia del ser humano como especie capacitada para sobrevivir en el mundo, y de impedir que cuaje en la certeza de su propia suficiencia con un procedimiento verbal capaz de hacerle imaginar su propia salida del lenguaje, su propia incomunicación, la pérdida de su supuesta y cacareada ventaja evolutiva, la fosilización prematura de su existencia. Tal vez, como quería el poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, HGM podría decir: “Sí. Ya sé./ Ya sé yo que lo que os gustaría es una Obra Maestra./ Pero no la tendréis./ De mí no la tendréis.”


A través de Realismos, HGM propone un tipo de escritura que, como el trabajo de Sara Uribe con el luto, el archivo y el periodismo en Antígona González (Sur+, 2012)o el de Víctor Cabrera con la juglarización de la experiencia y su remix en libros/procedimientos como Widescreen (Bonobos, 2009) Mística del hastío (Mano Santa/Bonobos, 2017), invita a reconsiderar la tinta azul de la poesía en clave de tinta roja. Los materiales, Anti-Humboldt Realismos no conforman, me parece, una secuencia, ni siquiera una noción de progreso, sino una radicalidad, un viraje hacia las raíces del cuestionamiento de la escritura como testigo y cómplice de una realidad política insostenible; sus “momentos constantes” son el señalamiento de las inconsistencias a las que el archivo burocrático, los medios de comunicación, la industria del entretenimiento devenida secretaría de Cooltura, en suma, la weaponization del lenguaje, someten a la memoria, especialmente a la que se configura como Historia y Cultura, a la vez que tratar de sacar un poco de su plácida anestesia al pensamiento crítico en y sobre la poesía mexicana. Se trata, a mi parecer, de una poesía política que no está sustentada en la retórica de la denuncia, sino en la erotización (en la puesta-en-cuerpo) de esas realidades/realismos, como si de hacer hablar al archivo muerto se tratase. La operación de HGM en Realismos (como invitación o provocación final a su lectura) es justamente la de tratar de producir el efecto de la tinta roja –el visibilizar o enunciar nuestra falta de libertad para hacer frente a nuestra propia salida del lenguaje en tanto especie, a nuestra incomunicación que permite máquinas de guerra y extinción de una estilización y crueldad sin precedentes--, a pesar de que sólo tengamos a nuestra disposición tinta azul.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Crónica (interrumpida) de la presentación de "La rebelión de los negros"

Una publicación compartida de Ámbar Cooperativa Editorial (@ambar_editorial) el

+ Xel-Ha:
caja negra (respondencias) submarino
argentino. La caja negra es naranja.
Naufragios modernos. Edición pirata
no oficial, rayoneada, subrayada,
confrontada. Engargolado impreso
en tapas negras (pdf materializado,
simulacro del libro). Convenciones
de presentación de libro estándar:
subvertirlas. Sudor frío: lo va a hacer
puré. Convocación a Montalbetti:
los poetas no son serios / esta no es
una novela seria. Y eso está bien.
Convocación a Hito Steyerl:
el trabajador de choque. En el tintero:
hablar de Ivan Ilich y el trabajo
fantasma. Convocación a Walter
Benjamin: sólo un poeta
pudo leer al ángel de la Historia.

+ Cristina:
Resistir por todos los medios
la escritura como un proceso de
domesticación. Mantener en ella
una tensión que permita que el otro
se afirme ahí --no necesariamente
el yo, este yo--. Los escritores
aceptan hablar de cualquier cosa
menos de trabajo. Menos
de trabajo asalariado. Menos
de las condiciones materiales
de producción de la literatura.
La pregunta (fundamental)
por la acumulación:
-de cuartillas
-de capitales simbólicos
-de fogueos ahogados
-de amistades tensas
-de currículos
La cuestión del nombre (propio,
impropio y/o apropiado):
impostar un nombre
implica una impostura.
Un autor(a) es alguien que escribe
a nombre propio como si lo impostara.

+ Tintero
"Escribe en tus ratos libres".
La escritura no se considera
un trabajo, salvo retroactivamente.
La escritura se asimila --tal vez
desde la perspectiva de los que
no escriben, o de los que quisieran
escribir pero no escriben--
a una forma menor de entretenimiento:
a un hobby pretencioso, a un
macramé con ínfulas. Bordieu:
la firma del costurero. No hay
afuera del capitalismo, de la maquinaria
editorial, de los circuitos de producción
y distribución de las escrituras
--pero hay grietas. ¿A quién
le pertenece un autor? Tania
pregunta en el stand de Tusquets
por Chantal Maillard: "Ya no es
de nosotros", le dicen. Funcionaria dice
con su voz menos discreta:
2 minutos, Xel-Ha hace eco
2 minutos mientras leo, Cristina
2 minutos mientras me interrumpo.
Señor en la sala: "¿O sea que ya
nos podemos ir?" Erandi: "¡Nadie
está aquí a la fuerza!" Yo:
le regalo los dos minutos.

"¿Pero qué sucedería si, en lugar del nombre de un poeta, o de un autor, aparecieran en las portadas de estos libros dialógicos, de estos libros escritos, de hecho, en la más estricta de las coautorías, los nombres de todos los involucrados? ¿Qué tal si no apareciera ninguno?" --CRG. Los muertos indóciles, p. 91.

Telón.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El canon poroso: Preguntas en torno al fin de la colección Limón Partido

Texto leído in absentia durante la Feria Internacional del Libro de Minería el 5 de marzo del 2017 en la Ciudad de México.

***

¿Por qué se me viene a la mente la palabra “canon” al pensar en la colección de poesía Limón Partido? ¿“Canon” en qué sentido? ¿Uno por uno o en todos o en cada uno? ¿Canon como aquel conjunto más o menos ideal e idealizado que se define por su ejemplaridad?

¿Canon como una colección de diapositivas que dan cuenta de un periodo histórico dentro de la poesía latinoamericana? ¿Se puede hablar de un canon no-canónico? ¿De un canon anticanónico? ¿De un anti-canon?

¿Se trata de un Canon de instantáneas, de postales fotográficas, como la marca de cámaras y equipos fotográficos Canon? ¿O se trata del canon en su acepción musical, como “pieza o sección de una composición musical de carácter contrapuntístico basada en la imitación entre dos o más voces separadas por un intervalo temporal” (Wikipedia), en donde una melodía se confronta con sus variaciones, encontrando ecos inesperados y en no pocos casos, tautologías y repeticiones?

¿Llegaríamos a alguna parte a través de un ejercicio de sociología literaria, tratando de derivar algunas consecuencias acerca de las condiciones de producción y el contenido de la colección Limón Partido, vista desde el final, como un conjunto cerrado? ¿De la proporción entre hombres y mujeres, del porcentaje de mexicanos o chilenos o uruguayos versus la de guatemaltecos o paraguayos o cubanos? ¿Hablaremos de su franco bolivarismo? ¿De su utopismo posnacional? ¿La podemos pensar como un gran libro en donde cada poemario particular es un capítulo, como quería Roberto Calasso a propósito de la editorial Adelphi?

¿Podemos pensar el Limón Partido como un abrazo que yo te pido, y entre copla y

copla el limón se exprime y se agota? ¿Si la vida nos da limones partidos habremos de hacer poemas? ¿Si la vida nos da limones partidos sembraremos sus semillas en lo poroso del canon? ¿Trataremos al canon literario como una piel, un enorme órgano sensorial y permeable, una tierra fértil? ¿Partir en la tierra un surco, un verso? ¿O fabricarle, por el contrario, una porosidad a lo impenetrable del canon —una prótesis tal vez, un pequeño campo, un canal de irrigación, un narco túnel literario para pasar de contrabando dos o tres palabras pertinentes? ¿Dos o tres libros o dos o tres nombres? ¿Enraizados en dónde? 

viernes, 3 de noviembre de 2017

3 preguntas a Jericho Brown


Las siguientes preguntas son extractos de una entrevista más larga con el poeta Jericho Brown para la serie de entrevistas Voices of Bettering American Poetry Volume 2. La entrevista completa puede leerse aquí.



¿Cuáles son las mejores formas de apoyar a los poetas y a la poesía?

Compra libros. Enséñalos. Habla de ellos. Cita líneas en voz alta cuando las situaciones de la vida lo soliciten. Aprende versos de memoria. Trata de llevar el mundo de la poesía a tu conversación cotidiana de la misma forma en que los chicos creen que te pueden hablar de football o basketball sin antes preguntar si te gusta el football o el basketball. Lo más importante, si eres poeta, míralo como una identidad y haz lo que creas que tu identidad requiere de ti. Y muéstrate orgulloso al respecto. Cuando la gente te pregunte a qué te dedicas, deja de decir que enseñas en la universidad local. Diles que eres poeta.

¿Qué opinas de los debates actuales acerca de la "escritura por fuera de la identidad"?

Honestamente estoy tratando de entenderlo. No lo sé. Realmente desearía que los blancos hablaran unos con otros más a menudo. Creo que tendrían más de qué escribir si supieran más sobre ellos mismos. Están en la pobre posición privilegiada de saber a duras penas algo sobre sí mismos. Tal vez no se verían en la necesidad de escribir desde las voces de las voces marginadas si comprendieran cómo el privilegio y las predisposiciones que vienen con la blanquitud los vuelven una categoría marginal aparte. Podrían escribir sobre eso para variar. Pero por ahora, el blanco quiere seguir discutiendo sobre la existencia misma de su privilegio.

A pesar de ello, mi entrenamiento me enseñó que la empatía es la respuesta para cualquier buena pieza de literatura. Creo que cualquier cosa es posible para el poema.

¿Piensas que la literatura puede influir en el cambio social, o reflejarlo? ¿O ambos? ¿Existen movimientos sociales actuales o pasados que afectaran tu poesía? ¿La poesía puede ser activismo?

No estoy seguro de qué podría ser si no fuera activismo. Si lees un poema y no ves las cosas diferentes después, entonces no leíste un poema o no lo leíste correctamente.


jueves, 19 de octubre de 2017

Despiértame, 1

a mis padres

, Más o menos a esta misma hora (1:00 pm) hace un mes, estaba yo sentado en esta misma mesa, con esta misma luz y este mismo sol: un hermoso día. Y ese yo que estaba aquí, sin duda, no es este mismo yo que se recuerda estando --la luz no es la misma, ni el sol es el mismo ni la planta (Harry Helecho) colgante, aunque el viento la saque a bailar, y le ponga en ese vaivén de péndulo que tanto me sigue asustando hoy, un mes después del terremoto. Ese yo ya no existe.

, No quiero escribir una crónica más del temblor, aunque sí es una crónica de un 19 de septiembre.

, El 19 de septiembre de 2016 hablé por última vez con mi ex-empleadora. Nos dimos un adiós sin pasión, propio no de amantes sino de profesionales. ¿Renuncié o me renunciaron? Creo que nunca lo sabré a ciencia cierta.  A un año de diferencia ya no importa. Lo cierto es que el 19 de septiembre del 2016, después de dormir a los niños, Tania y yo abrimos una botella de vino espumoso y celebramos el incierto devenir laboral que se abría frente a nosotros. Nos entregamos, como tantas veces, a condiciones inciertas de existencia, sin expectativas y sin esperanzas en realidad. Y brindamos frente al fin del mundo que comenzaba a partir de entonces. Ella es mi otro. Mi amor. Mi fuerza. De ese 19 quería hablar el 19 pasado. El temblor me agarró en esta misma mesa, más o menos a esta hora, hace un mes: haciendo el recuento de un año fuera de la economía formal, del goce de sueldo, de mi vida como la conocía, pero dándole gracias a ella, por rifada, por felicitarme cuando renuncié o me renunciaron. Por estar conmigo a pesar de todo, incluso a pesar de mí mismo y de las condiciones del mundo actual.

Desde septiembre del año pasado no tengo un "empleo", pero no quiere decir que no tenga trabajo. Doy algunas clases de literatura, en bibliotecas y espacios privados y autogestivos, traduzco para revistas, hago psicoanálisis, pulo junto a mis brillantes editores el texto de mi novela, escribo poemas como si no hubiera mañana, pero nada de todo esto basta para conformar un sueldo como el que tenía antes. Ni cagando. El cambio de un año a esta parte ha sido el dejar de ser (y de cifrarme y tasarme) como un sujeto activo de la producción, y volverme un sujeto activo del cuidado, esa labor que no se cobra pero que se paga de muchas formas. Y eso, para una masculinidad tradicional, es devastador. Porque el valor del varón del mamífero humano se cifra tradicionalmente en su rentabilidad, en su capacidad para proveer económicamente a su familia, así como para insertarse en dinámicas de consumo afines a una determinada clase social a la que no puede ser del todo ajeno.

, Escribo esto aprisa, más o menos un mes después del #19SMX, porque debo preparar la comida de los niños, doblar la ropa, sacar al perro. Me parecería mezquino apropiarme de la frase de Luciana Peker, pero pienso que no, que yo tampoco tengo un cuarto propio dónde escribir. No soy una mujer, pero al igual que otros hombres que cuidan a sus hijos, me enfrento a menudo con las miradas condescendientes de quienes piensan que las labores domésticas no son dignas de un varón. Que lo "devalúan a mujer". Que lo feminizan (como si hubiera algo de malo en reconocer la parte femenina, receptiva, ávida, terrestre, acuática de la personalidad). Pienso estas cosas, pero no me detengo a pensar. No puedo detenerme. Ya es hora de levantar a los niños. De llevarlos a la escuela. De que la vida continúe.

, Hay días en que este olor tan particular a derrumbe no me deja dormir. El olor ya se disipó, pero no me lo puedo sacar de la ¿memoria? Es olor a polvo, a humo, a humedad quemada, un olor metálico, ferroso, inclasificable, inolvidable. Me revuelvo en la cama tratando de dormir y me atenaza, me presenta imágenes terribles, desesperadas, como si estuviera envuelto en ese olor, prensado por él, incapaz de alejarme de su nube mortífera. Entonces me levanto de la cama, enciendo la computadora nueva (¿cómo voy a pagar por esta computadora nueva comprada a crédito, es decir, con plata que no tengo?) y me pongo a escribir que hay días en que este olor tan particular a derrumbe no me deja dormir.

, La naturaleza parece cruel desde una perspectiva humana. Es caprichosa, violenta, desconsiderada. Como un niño. Tienen demasiada energía: corren de un lado a otro, brincan, se lanzan cosas, bailan en síncopas imposibles y salvajes. De pronto rompen a llorar. Probablemente tienen sueño, hambre o les molesta un pliegue del calcetín. Cambian: están vivos. Demasiado vivos. No se quedan quietos ni siquiera cuando duermen. A veces se quejan en sueños, hablan con alguien, se ríen de formas encantadoras, como si siguieran jugando mientras duermen. Son demasiado hermosos, mis niños, dormidos o despiertos. Incluso cuando me miran con el ceño fruncido cuando les digo que es hora de acostarse, que es hora de guardar los juguetes, que es hora de bajar del triciclo y sentarse a cenar. Justo antes de prorrumpir en quejas, negociaciones o francas escenas de llanto, tiemblan de furia por un instante. Cuando jugamos a hacernos cosquillas también tiemblan de pura dicha.

, Solamente en la ciudad de México, desde hace un mes, se han contabilizado 3,800 edificios con daños, 2,000 con daños leves y 1,800 graves: 52 que deben ser demolidos y 38 más que cayeron como consecuencia del sismo. En total, unos 1,890 edificios que han debido ser desalojados. Calculando el número de pisos, el número de habitantes en promedio, y contrastando --muy a grosso modo-- con la cantidad de albergues que operan desde hace un mes, daría un estimado de 136 mil personas. Pero los +40 albergues que están operando, con alrededor de 200 personas cada uno, apenas suman 10 mil damnificados, eso sin contar a los voluntarios que siguen haciendo turnos de más de 12 horas para servir y administrar 300 mil raciones de comidas al día. Eso son 9 millones de comidas en un mes. Sin contar la resolución de problemas sanitarios, médicos y psicológicos particulares. Sin contar las necesidades especiales de la población infantil y de la tercera edad. Problemas concretos de cuidado. Labores de cuidado. Labores domésticas, si se quiere. Aún así, con todo ese esfuerzo humano, equipos de brigadistas independientes como la #BrigadaGénova estiman que 90 mil personas están durmiendo hoy a la intemperie, bajo lonas o casas de campaña. Y eso, como dije, solamente en la ciudad de México. Puebla, Morelos, Chiapas y Oaxaca tienen, cada una, sus historias de terror y de heroísmo. En Oaxaca, la tierra no ha dejado de moverse. Juchitán, desde donde llegaron las primeras imágenes de la devastación desde el siete de septiembre pasado, está prácticamente en ruinas. Piden lonas porque llueve y tiembla tanto que la gente prefiere dormir en las calles mientras deciden si desalojar o quedarse a perder lo poco que tienen. Muchas comunidades quedaron en el suelo y, a causa de su ubicación geográfica y la falta de vías de comunicación, no se supo sino hasta mucho tiempo después. Recordemos a aquellos de los que nadie se acuerda este día, cuando escuchemos discursos. Alcemos la voz durante los minutos de silencio que nos siguen exigiendo.

, La naturaleza parece cruel desde una perspectiva humana, pero los humanos son innaturalmente crueles consigo mismos: convoys de ayuda desviados por la policía o el ejército. Voluntarixs y brigadistas atacadxs --incluso sexualmente-- en el camino. Imágenes de bodegas del DIF llenas de donativos mientras la gente pasa hambre. A falta de cifras oficiales de desaparecidos y damnificados, pensemos en ese número extraído racionalmente con la información a la mano: 100 mil personas. Damnificados. Esto es, sujetos del daño. Hombres, mujeres, niños. Pero el PRIsidente es optimista: el candidato para 2018 será revelado en tiempo y forma.

, El 19 de septiembre de 2015, publiqué en la página de mis ex-empleadores un texto sobre los 30 años del terremoto de 1985. Yo lo viví así: "Esta mañana, a las 7:19 am, sonaron las campanas de la iglesia, se detonaron cohetes y sonó en las plazas el inexplicable toque de bandera, como en las ceremonias oficiales, en la conmemoración de los 30 años del terremoto. Me parece triste que cualquier ocasión solemne de naturaleza colectiva en este país, desde un partido de futbol hasta la inauguración de un edificio público, implique la música oficial, el toque de bandera y el Himno Nacional. Es increíble que nuestra imaginación, tan productiva en otros ámbitos, sea tan limitada para la celebración y el luto, esos polos de lo social. Ignacio Padilla aborda el tema en Arte y olvido del terremoto (Almadía, 2015), donde acusa la falta de narrativa literaria del suceso, el cual es clave para la renovación periodística y gráfica del período. A pesar de que falte la 'gran novela' del 85, Padilla afirma en entrevista con Excélsior que "el terremoto está implícito en todo cuanto escribimos quienes lo vivimos hace 30 años. Fue para mis contemporáneos una marca generacional indisputable, junto con otros dos derrumbes: el del Muro de Berlín, el 10 de noviembre de 1989, y el de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001'".

, ¿El 19 de septiembre de 2017 estará igualmente ligado a todo cuanto escribamos y pensemos en esta generación? ¿En la manera en que nos relacionemos socialmente? ¿En la forma en que los eventos naturales habrán de influir en nuestros comportamientos? ¿En nuestras instituciones? ¿En nuestras pesadillas? A un mes del #19SMX, ¿hemos despertado ya del estupor? ¿Escucharemos otra vez, impasibles, las palabras de los gobernantes que dicen que todo estará bien, que dejemos todo en manos del ejército, que cantemos el himno nacional o que guardemos más y más minutos de silencio por los que siguen bajo tierra, que nos movamos detrás de la cinta de precaución, que no entremos a la zona de derumbes donde están nuestros seres queridos si no tenemos equipo de seguridad, que no llevemos comida y herramientas a los pueblos más alejados que necesitan reconstruirse? 

, Así está la cosa, improbable lector o lectora: vivimos en un narcoestado criminal para quienes su vida y la vida de los suyos valen menos que nada. Vivimos una grave situación de desaparecidos, además de una violencia sin precedentes salvo en contextos de guerra. Incluso los activistas se preguntan si todo su trabajo no es más que administración de la catástrofe. No hay afuera de esto: no basta con fantasear con salir del país, con cambiar de nombre e identidad. El narcocapitalismo no tiene afuera. Y sin embargo... Y sin embargo hay que despertar a los niños para ir a la escuela. Hay que hablar con ellos cuando tienen miedo durante la noche. Hay que familiarizarlos --y nosotros con ellos-- con palabras como epicentro, placa tectónica, zona de subducción, rescate vertical, o mototrozadora de discos de diamante continuo de 1/2". Porque no hay afuera del narcoestado ni la necropolítica, y ellos se darán cuenta en su momento, pero por ahora son niños y tienen miedo. Tal vez no son hijos tuyos, pero van a sacarte del fondo de la tierra la próxima vez que la tierra se mueva, o cuando el crimen organizado (el de los carteles o el del gobierno) decidan que tu cuerpo es prescindible y lo tiren en una fosa en alguna parte. Esos niños van a aprender, como todos los niños, de lo que ven a su alrededor. Y te van a buscar. Y van a pedir que se haga justicia, incluso cuando los cínicos se burlen, incluso cuando nadie tenga interés en escucharlos. Van a seguir buscando justicia incluso aunque no la consigan. Precisamente porque no la consiguen. Porque eso hace el animal humano: cuida de los suyos a pesar de que sabe de antemano que todos estamos condenados a muerte por default. Porque hay que despertar. Porque hay que vivir.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Síndrome del martes


So come pull a sheet over my eyes
So I can sleep tonight 
Despite what I've seen today.
I find you guilty of the crime 
Of sleeping in a time 
when you 
should have been wide awake.
-Chris Cornell, Wide Awake (sobre el huracán Katrina)

Los que están despiertos tienen un mundo común,
pero los que duermen se vuelven
cada uno a su mundo particular (B89).
-Heráclito, llamado el Oscuro

El reconocible arranque "La candente mañana de febrero, en que Beatriz Viterbo murió", lleva días sonando en mi oreja como un eco. No pude avanzar más allá del primer párrafo esta mañana, pero entre toda la destrucción y la (des)información, el primer párrafo de El aleph tiene el mismo encanto de siempre, la misma sensación de arena que se lleva el mar de entre las manos. La imperiosa agonía sigue sin rebajarse a sentimentalismo ni al miedo, a pesar de que el tiempo y su orden presentan visibles cuarteaduras, daño estructural, grietas definitivas. Soñaremos que es martes y que tiembla por el resto de nuestras vidas.

*

¿Qué normalidad retomar? ¿A dónde volver? ¿Qué separador extraer del libro del tiempo para regresar sobre cierta ocupación interrumpida durante la alerta sísmica del martes 19 de septiembre, alerta que llegó tarde para el anuncio de lo que ya era evidente para entonces, el movimiento pendular de Harry Helecho, la caída de los libreros, el crujir del edificio como un barco ebrio, agitado en medio de la tormenta, las escaleras serpenteantes, los árboles que no bailan despeinados por el viento como suelen, cuando tiembla, sino que se mueven agitados de raíz, como una espiga en manos de un niño, el haz, el hato y la hoz, que siega? ¿Dónde está el afuera de este manicomio en llamas?

*

Sí, de alguna forma se hizo miércoles, durante la semana, si atendemos a lo irreversible del calendario, que lo mismo da vuelta a la aritmética de los días y los suma o resta, según nos paremos del lado de la vida o de la muerte, hasta terminar de colocar en las carteleras de fierro de las plazas no sé qué avisos de yogurt para ir al baño (porque desde hace tiempo que prohibieron la publicidad de cigarros rubios o de otro tipo y para el caso dejé de fumar cuando el eclipse, así que lo mismo da.)

*

Era martes cuando las sirenas de ambulancia agitaban el sueño de los niños y los estremecían en su maldormir. Era martes cuando todos, vivos y muertos, nos enredamos en una sábana triste para dejarnos mecer, para dormir por unos minutos, unas horas o para siempre. Era martes cuando platicábamos con extraños acerca de la mejor manera de mover 10 toneladas de víveres y herramientas de un punto a hasta un punto b, y luego no volvimos a vernos. Era martes cuando hicimos una línea de ensamblaje de sánguches y quesadillas para repartir entre voluntarios, un martes incesante y vasto, casi del tamaño del universo pero no exageremos, más bien desordenado como la imagen del universo (κόσμος, mundo, todo) según Heráclito: "El orden más bello del mundo es un montón de desechos esparcidos al azar." Martes rodeado de martes, día de Marte: la ciudad anegada de milicos, habitación desordenada en la que permanece una sombra del pasado como una idea recurrente, incluso cuando los libros han sido devueltos al anaquel, cuando los cristales rotos se barrieron y se decretó de manera unánime el miércoles de luto, aún y todo, sé de primera mano que no todos hemos salido de los escombros del martes. Algunos seguimos recobrando nuestros pedazos de entre las ruinas; otros sabemos que no volveremos a estar completos.

*

El dolor de la pérdida de Beatriz Viterbo se expresa como un alejamiento del universo, que al retomar su marcha --pasado, es posible, cierto periodo de luto-- la va dejando atrás. Según qué edición se consulte, Borges escribió que el universo "ya se apartaba de ella y que ese cambio [camino] era el primero de una serie infinita." Algún error de transcripción, alguna errata, alguna corrección de pruebas finas de último minuto habrá bifurcado ese cambio en camino o viceversa. Un error de imprenta o cotejo que recuerda al lector, como si este fuera a olvidarlo, que no se recorre dos veces el mismo camino. Algún tema de tesis harto explorado por especialistas en cuarteaduras y bifurcaciones borgeanas, algún detalle menor, un pie de página curioso.

Vaya: ni siquiera puede confiarse en la permanencia de los libros. ¿Camino o cambio? Es posible que el movimiento sísmico haya desplazado de lugar algunas palabras, que el capitel de la /b/ de /cambio/ sufriera cuarteaduras, formando un apóstrofe mudo (puntito de la i, puntito de la aureola invisible, hueco de la dona), resultando en /camino/. Tengo la impresión infantil de que si agitas un libro las palabras se mueven dentro como el cereal dentro de la caja. No puede esperarse que después de un terremoto tan violento algunas palabras no hubiesen sufrido daños.

*

El universo transcurre siempre en el mismo día interminable, tren sin estación que parte y llega al mismo tiempo. El universo se parece a una habitación desordenada después de un terremoto: todo está en su lugar, pero todo cambió de lugar.

*

En estricto sentido, muy poco ha cambiado desde el principio de los tiempos. El universo ofrece pocas novedades: las estrellas y los mundos surgen y desaparecen, como canicas en la bolsa. El martes de siempre. Esto que ha sido volverá a ser. El mamífero humano queda como un objeto más entre tantos esparcidos mediante un supuesto azar, en ese orden cuya belleza (cosmé-tica, disposición y armonía) no es del todo capaz de percibir, y que lo asusta, y que lo hace quedarse echado en un rincón, alarmado en su vacilante individualidad, removido, conmovido, pero movido al fin; temblando.

*

¿Pero qué hacer con un azar con sentido del humor? ¿Con un rayo que impacta el mismo árbol que había crecido en el lugar del otro? ¿Con un calendario que decidió organizar el déja vu más grande que se ha visto jamás, y destruir una ciudad dos veces, como para conmemorar sus propias ruinas?


viernes, 4 de agosto de 2017

Respuesta a un anónimo sobre el acoso callejero

Esta es una respuesta extendida a una pregunta que me hicieron anónimamente en el CuriousCat sobre el acoso callejero. Prefiero publicar mi respuesta tal cual la escribí que limitar lo que trato de exponer a un formato más breve.

Los hombres tendemos a interpretar el acoso callejero como una especie de fenómeno climático (en ese sentido [qué fuerte]: natural) que sólo experimentan las mujeres. Por eso nos es no sólo difícil empatizar sino acompañar y responder frente al acoso callejero que sufren ellas, especialmente cuando son nuestras parejas. 

Primero: no todo el acoso que sufre una mujer en la calle ocurre de la misma manera, por lo que la forma de empatizar con una mujer que te lo cuenta es diferente en cada ocasión. No es lo mismo la molestia "distante" del catcalling (chiflidos, piropos) que un tocamiento en el transporte público donde ella sintió miedo por su integridad física. Además, cuando te lo cuentan ya es un hecho (un crimen) consumado. Lo segundo: creer en lo que te cuentan. No sé en otras personas, pero a mí me sorprende lo fácil que los hombres ponen en entredicho los relatos de las mujeres, incluso de quienes denuncian (cf. caso Plaqueta, caso Porkys). ¿Por qué nos es tan difícil escuchar que una mujer se sintió agredida, por qué la cuestionamos a ella por sentirse agredida y no a los agresores? No es una pregunta retórica: es el privilegio masculino.

Podemos romper este ciclo de impunidades si reconocemos que están pasando siempre a nuestro alrededor. Una vez estaba esperando a Tania en la banca de un parque; la vi venir a lo lejos y me tocó ver cómo tres adolescentes le hacían catcalling. Ella los confrontó, así que me acerqué y los confronté también. Se fueron con la cola entre las patas. Pudieron habernos agredido, pero en el caso de acoso callejero no hay algo personal en la conducta del agresor que lo lleve a elegir cierta mujer frente a otra, no quiere asaltarla necesariamente ni tiene una motivación ulterior que lo motive para insistir después de la confrontación: es la disponibilidad y la garantía de impunidad lo que les permite seguir, literalmente, tan campantes caminando por la calle.

Creo que algo que pueden hacer los hombres, parejas o no, frente al acoso que sufren las mujeres, es desnormalizarlo. No hay nada en la forma en que una mujer habita el espacio público que la haga legítimo blanco de la frustración y agresividad de un hombre. Dicho de otro modo, nada de lo que una mujer haga en la calle amerita que alguien la agreda. El acoso callejero parecería una especie de impuesto a las mujeres por el paso franco por el espacio público. La experiencia de la ciudad de una mujer y un hombre son radicalmente distintas, y algo que podemos hacer con el privilegio masculino en el espacio público es señalar y confrontar ese tipo de prácticas; con esto podemos contrapesar la aprobación que producen estas acciones en los hombres que las cometen. Los acosadores no siempre son donjuanes solitarios no solicitados, sino pares o grupos que se protegen y se recompensan esos comportamientos (léase, los hombres acosan para excitar no la líbido propia, sino la de otros hombres), así que como hombres, creo que se trata de no volvernos cómplices o testigos silenciosos de la violencia sistémica que sufren las mujeres (y no sólo en el espacio público). 

viernes, 14 de julio de 2017

Viñetas de sueños

Columna de un templo sumergible: un dios egipcio con cabeza de tiburón blanco, junto a otra estatua de un dios murciélago (mezcla de del Camazotz maya y Mictlantecutli).
*
"Motion device" en la nuca de Han Solo. Permite reprogramar y controlar mentes. Es una pantalla parecida al display del artillero del Halcón.
*
Nos vamos a la playa. Antes de partir, entre las cosas que empacamos, ponemos los souvenirs, de modo que no tengamos que comprarlos otra vez en nuestro destino.
*
Paseamos por un mercado de pescados y mariscos junto al mar. Los pescadores vacían cajas de camarones, almejas, etc.  En una de esas cajas traen un animal humanoide, del color de la carne de almeja, y de la misma textura, con la parte superior del cuerpo no mayor a la de un niño de 10 años. Su cabeza parece una ostra, de la que se distingue una boca que abre y cierra dolorosamente a medida que muere. La parte inferior del cuerpo se parece a la cola de los camarones o las langostas. Los pescadores se reúnen en torno a la caja y gritan "¡sirena, sirena!"
*
Traducí un poema largo con tema de Jonás. Los últimos versos eran: "Oh, Medusa / tarda aduanera".
*
La retórica de ventas se apropió la retórica revolucionaria. Un raro triunfo del mercado: hacernos participar de él mientras nos dice que somos libres. Converso al respecto con Mandelstam, quien por otro lado ha dejado de creer en la revolución.
*
Preparativos para un viaje a Japón. Llevo una pulsera rarámuri para regalar, pero no sé a quién. De alguna forma se trasluce un mensaje laboral: no es que mis clientes no confíen en mí, sino que confiarían lo mismo en mí que en otro cualquiera.
*
Entro a orinar a un mercado donde unos viejos peluqueros discuten el asunto de los 18 hijos. Cabezas engominadas en fila frente a un espejo. Luego, libertad de los peces koi que viven en la inmundicia de las alcantarillas. Entretanto conozco a una chica muy guapa que me gusta mucho y a la que yo le gusto también. Cuando nos despedimos la abrazo con torpeza, lo cual me hace sentir nostalgia, pero no sé muy bien de qué.
*
Voy tarde a una lectura de mis poemas, pero no voy estresado. Pienso qué voy a leer o si voy a performancear o qué, cuando me doy cuenta que definitivamente nunca llegaré a tiempo. Eso no me impide seguir pensando posibilidades para la lectura ya imposible.
*
Storm y Rogue: las nubes de tormenta crean una película de piel incorpórea para la muchacha inasible. Se besan en las alturas mientras van cayendo, como águilas.
*
Chabelo llora frente a un metro vacío que se aleja por el túnel. Debería ser gracioso, pero no lo es.
*
Fiesta en casa de mis padres. Mamá carga a Lucas. ¿Su bautizo? Lauri me pide que le sirva un trago. X. me parece especialmente molesto con su monotema de siempre, y como siempre, lo escucho. Luego llegan un par de policías en bicicleta, con quienes me porto sumamente hostil, pero por alguna razón no les pido sin más que se marchen.
*
Pasan por la tele la historia de un ídolo pop que se volvió dictador de algún país.
*
Encuentro al amigo que finalmente puede llevarnos a donde sí. Pero sin recordar el token la imagen se incendia, se deseca, se autodestruye en mis esfuerzos por recordarla, pues no puedo anclarla a nada. Y no sabría describir la parte que sí recuerdo; como inferir por la forma de la hoja la del árbol.

miércoles, 7 de junio de 2017

Notas de lectura sobre "Bla" de Juan Manuel Portillo

Robert Motherwell

La interjección "bla" es utilizada en el habla coloquial para recordar la presencia de la palabra: no es la palabra fragmentada propiamente, no es un pedazo, sino algo que hace la voz para recordarse cómo suena, un pie rítmico pero no el verso entero, la oreja sin taza, un estornudo articulado, apenas un manchón de palabra, de algo que podría ser una palabra pero decide no serlo, bajarse del tren de las significaciones y ocupar un espacio negativo en el registro del sentido.

La elección de una elocuente mancha del gran Motherwell para la portada de Bla, de Juan Manuel Portillo (Manosanta, 2016), nos hace comenzar la lectura sin predisponernos a figuraciones forzadas, sin prejuicios, podría decirse, porque nombrar ya es introducir previamente, de avanzada, un juicio, un sentido unívoco a la dirección del palabrar. Así comienza, avanzando a tientas por la interrupción, por el crujido de la página, de la hoja, de la metonimia de bosque, denuncia del árbol que se pre-siente, vitral sin luz, onomatopeya del rumor: blablabla, la dramatización o sobreactuación de un tono puesto en el lugar de un discurso, "figuritas de luz que se filtraban en el duermevela", balbuceos, umbrales.

Ni siquiera en los paisajes aparentemente fotográficos y referenciales de Portillo tiene lugar el discurso: "escuchar el viento a la velocidad del viento" quiere decir eso mismo, dejar que pase un viento sin palabra, con tesitura y temperatura y ruido de viento a cuestas pero sin anteponerle un significado definitivo que limite su correr, ni siquiera uno del espesor de una mariposa; y cuando la densidad se vuelve nombre, "el plomo cae por su propio peso", las balas documentan su rugido fugaz, rápidas como el motivo del viento al que sobreviene un grito, "la amenaza latente, siempre latente/ de que un grito interrumpa esa blancura", pero sin clausurarla del todo: mancha que instala una discontinuidad en el blanco, antesala del manchar, blablido, blablar, "rojo sobre rojo" en la negrura de la palabra que mancha el cuaderno rojo de trabajo, imagino, como estos que yo mismo uso para blablablear desde hace años, para repartir ese recorrido que no puede hacerse de una sola vez, para instalar moradas provisionales de sentido pero sin agotarlo, roadtrip de la luz, postas del camino a la luz de la luna, "la enorme luna roja de solsticio de invierno/ cernida sobre la ciudad", espolvoreada de brillos sin fulgores dramáticos, sin épica, sin punchlines, herida que nace cicatrizada, "la sorda intimidad de la frase" que clausura la posibilidad de la estrofa para no ponerle puertas ni ventanas al viento de la interjección, de la imagen casi ruido, de la palabra que, naciente, se agota, se ablanda, pero incapaz de sobreponerse al ruido circundante, se deja exhalar en la inercia de la voz, pues "en temporada alta más vale andarse por las nubes/ o bajar la voz/ para no interferir en los mensajes."

Cuatro poemas de Bla en Nueva Provenza.