jueves, 30 de octubre de 2008

Burn after reading, o el aquiles incómodo

¿Alguien recuerda "Animaniacs" de Warner? Era una caricatura buenísima que ya no he visto. Pero no era el clásico capítulo de media hora, sino que se alternaban sketches de personajes en abierta parodia a los clichés del Hollywood de la era dorada. "Burn after reading" (Quémese después de leerse) rescata un espíritu similar.
Y quién sabe que tengan los hermanos Cohen que parece que George Clooney actúa. Además es la segunda vez que le sacan su rostro cómico (recuérdese la maravillosa "Oh, brother where are thou?"). Si ya han oído o leído algo de "Burn..." sabrán que Brad Pitt sale de anti-galán. Sí, el aquiles de la nueva generación ahora es un tetazo notable (Chad). 
Un buen día, aparece en el gimnasio donde él y Linda (Frances McDormand) trabajan un CD con información clasificada de la CIA. Esto les pica al criminal que todos llevamos dentro y deciden chantajear al dueño, un John Malkovich vociferante en plena negación del alcoholismo que lo ha sacado de su puesto como analista en la CIA. 
La película va transcurriendo con un humor relajante, sin pastelazos gracias a dios, cuando un evento trágico le cambia la cara al tono, literalmente. De repente tenemos que empezar a tomar en serio las cosas... pero hay que recordar que todos los personajes son un poco idiotas.
Hollywood se burla de sí mismo en una velada crítica a la tan sobrevaluada inteligencia (la de todos en general y la de las llamadas "agencias de inteligencia" en particular) y nosotros agradecemos. 
Chéquense la excelente fotografía del mexicano Lubezki. Ah, y a ver si le cachan al chiste de "Mr. Black".
Imagen: nypost.com

jueves, 23 de octubre de 2008

Preferiría no hacerlo, pero ni modo

Hoy leí "Bartleby, el escribiente". La historia todos la conocen; pero, como pasa en general con las buenas historias, uno cree que los rumores de su potencia prevalecen sobre el cansado ejercicio de leerlas. "Bartleby..." es patético, en el sentido de tierno. Uno no cree la bondad del pobre narrador. El tipo está destrozado, ¿qué hace uno con un zombie que acampa en la oficina, y que encima no mueve un dedo? ¿El asesinato es una forma de piedad, en casos así? ¿Qué se hace con algo que parece un hombre, pero que se dedica a usar el libre albedrío como justificación para no usar el libre albedrío?
Carajo, siempre con Melville me quedo destrozado. No puedo creer que alguien que escribe con tanta precisión, una prosa rayana en lo perfecto, haya tenido una vida tan pinche. Y uno dice, bueno, comparado con Melville, Kafka tuvo una vida feliz. De acuerdo, ambos parten de la desesperanza, de la desconfianza total en su talento, pero Kafka era un inadaptado, de alguna forma se merecía la indiferencia, siendo el mismo indiferente a los otros, viéndolos como la pura extrañeza encarnada. ¿Pero el bueno de Herman? ¿Él, que tuvo la altura moral para casarse en condiciones de absoluta desventaja, con la hija de un juez, siendo él, pobre marinero que nadie quería siquiera tomar de aprendiz? ¿Él, que asumió la responsabilidad de su numerosa familia, y aún contra todo seguía escribiendo? ¿Él, que en cada palabra no deja de dar muestras de un profundo amor por lo humano, sólo para dejarnos caer en lo terrible mismo de lo humano, y así revelarnos lo hijos de puta que somos? ¿Él, que tiene la altura moral y lo recursos literarios para escupirnos en la cara? ¿Qué carajo te pasa, dios? ¿Por qué no notas a Herman, tú siervo? ¿Dios? ¿Estás ahí?
¿Dios?

miércoles, 22 de octubre de 2008

La vida y la letra, 3

,
El gorrión de Gombrowicz. Parte 1 de 2
,Parto de la “falacia de la creación”, esa caracterización del artista, del poeta, como el místico que saca mundos de la nada, como conejos de chistera. La metáfora del mago no es gratuita: hay más de ilusión (de simulacro, de percepción dirigida) en los efectos que la poesía consigue que de magia verdadera.
,Como en los antiguos, la magia consiste y acaso siempre consista en un trabajo de voluntad que involucra un modo de fe con un efecto en el mundo; pero al final, la magia surge sola y casi como a pesar de lo que podamos decir o hacer. Al igual que en el tiempo mágico del sueño, la conciencia asiste únicamente al instante mágico, inflexible ante su voluntad. Blanchot: “uno escribe un poema, pero no puede hacer, por su sola voluntad, la Obra” (o algo así, de “El espacio literario”).

,No hay nadie más escéptico que yo sobre aquellas teorías del “hombre cósmico”, o “el destino del hombre en el universo”, etc. Me parecen mala literatura e ideas muy gratuitas. Pero una cosa no deja de ser cierta, si se quiere, en términos físicos: la materia no es permanente, sino que es permanente estado de mutación, de revolución, de cambio. Aquí está la mística oriental, el I-Ching: lo permanente es el cambio, idea cara a Octavio Paz para caracterizar el flujo de la historia y de la literatura. Así, no me parece excesivo hablar de un movimiento astronómico en clave dialéctica de creación-destrucción como un transcurrir traslapado, simultáneo, del que la vida, la obra humana será un eco ínfimo e inapreciable. La vida del universo, podemos decir sin violencia, excede fácilmente toda medida temporal humana.

,La “obra humana”, la Historia o lo que se quiera -harto más frágil que el universo, ese contexto excesivo e inapresable, está condicionada a reducirse, o si se quiere, a reintegrarse a la nada absoluta del mismo devenir del universo. Si hacemos caso a los físicos doctos en estrellas, nuestro planeta es joven, pero nuestro sol envejecerá y nos engullirá, o un astro colosal barrerá todo nuestro orgullo humano con todo y sistema solar, en cualquier momento. Ojo: no soy fatalista, es el contexto en que se posibilita la vida. Esa reintegración o reducción a nada será ulteriormente tan absoluta, tan total, que no podemos imaginarla en cifra de olvido –una pequeña nada que se da por descuido o saña contra el otro-; una Nada tan absoluta que será como si el hombre nunca hubiera existido: tendríamos que destruir el universo en su totalidad, como un acto humano supremo, para marcar una impronta real en el devenir de lo cósmico. Y si a eso, a la desaparición, se reduce lo humano, bueno, uno puede trabajar y vivir en el mundo con el cuello de la camisa un poco más holgado.

,Pensaba, caro Lector, en estos días raros en que cumplo por cierto 23, que si, como los cristianos en sus momentos más felices, yo también podría ver en mi vida una misión o algo que se parezca a un destino en mi día terrestre. Uno se pone místico en fechas que constatan el paso del tiempo. Y pienso que si he venido a algo ha sido a leer. ¿No a cortar el césped, no a atender una pizzería, a conducir un camión? No: a leer, a aprender a leer, a tratar de leer el mundo, a recibir, que es una forma de darme al mundo, de estar en él.

Lo que pomposamente y no sin sonrisa podría llamar “mi escritura”, si parte de algo, parte de la ruina. Pienso en la María Zambrano de “El hombre y lo divino”: no se puede partir, trabajar sobre algo que ya está hecho: el parto mismo, el dar a luz, es nacer a partir de la ruina, de la muerte del feto, de dejar el cuerpo de la madre destrozado por nuestro paso brutal al mundo; el proceso histórico de conquista, la historia de los imperios, para su constitución, no parten de nada, de algo virgen, sino que, o se hace tabula rasa como en la colonización sajona de norteamérica, o bien se asume la ruina como cimiento para el mestizaje cultural, como en la conquista de México, proceso de asimilación no exento de una brutalidad similar a otro parto. Partir de la tierra fértil dejada por el paso de la piedra volcánica que ha arrasado con lo que había, y deja la devastación lista para lo que viene. Partir de la ruina: ¿cuál? La de los ídolos, las utopías, las ideologías, que como vestigios conforman momentos de lo real y se suceden ante nosotros; o de esa otra ruina que es la palabra, imaginada torre de marfil para lo más grato que puede dar el hombre (los salmos del Rey David, la Vita Nuova de Dante, Platón mismo); pero también de su contrario, la constatación del fracaso de lo humano, del dolor, de la imposibilidad de ser algo más que sí mismo (el libro del Eclesiastés, Job, Rimbaud, Philip Roth)

,Todo trabajo, toda escritura, parte de una grieta, de una escisión que amenaza con rompernos. El poeta Milán ha dicho que la permanencia abierta de la herida es lo que hace posible la escritura. ¿Cuál es esa herida, esa grieta? Primeramente la inserción violenta en el mundo, el sí-mismo de ser hombre. Si a mis tres lectores les parece demasiado gratuita mi respuesta, piensen que no sólo la escritura, o el arte, sino cualquier actividad humana parten de la existencia en el mundo (aquí me confieso existencialista irremediable) para dar paso a lo demás, y que lo demás, es decir, la vida en el mundo, está limitada por la condición mortal, y posteriormente, excediendo todo término humano, por la del proceso de destrucción en que se debate la vida del universo. Así, no sólo la escritura, sino la contaduría, la alfarería, la pesca deportiva, el tenis de mesa, cualquier actividad humana, es prolongación, remedo del nonsense que da lugar al universo. No estamos hechos para durar: nos hacemos creer que duramos (oh, Augusto) para no pensar en la muerte, la mayor cobardía imaginable. ¿Aceptaremos los dones de la vida y no la condición mortal que los hace posibles? El empeño, la necedad, de la creación poética es la intuición de ser eco de ese movimiento mayor del universo; que ante la palabra somos un poco eternos, como dios, esa forma en que el universo se concreta, sin dejar por ello de ser hombres. De ahí nuestro entusiasmo; de ahí nuestra derrota.

,A veces imagino que ese gorrión colgado (que es pretexto y principio de esa novela diáfana y enfermiza que es “Cosmos” de Witold Gombrowicz) que encuentra el personaje Witold en medio de unos arbustos, no fue muerto y luego colgado, o apretado por una mano siniestra hasta la muerte, sino (ay, si seré cruel por imaginar estas cosas) atado vivo por el cuello de un cordel acaso muy corto, donde para respirar, para seguir un vivo, el gorrión no podría sino volar. Imagino a veces que somos como ese gorrión colgado, condenado a su aleteo feroz y desesperado –desesperado por la pérdida de toda esperanza, como en la entrada al Infierno de Dante-, y ya por desesperado, por irremediable, placentero -como el Infierno de Elizondo, donde en lo Eterno el tormento físico sería expresión divina, por tanto comunión con Él-; o si no placentero, por lo menos no inmediato; y en este no-ser-inmediato, lo suficientemente extenso para ensayar el vuelo acrobático, la arquitectura de catedrales efímeras de vuelo, teorías veloces de los mejores modos para enredar la soga del cuello y desenredarla, escritura de alas, conocimiento basado en la fenomenología del vuelo circular hacia la muerte; incluso canto.

Será necesario cantar incluso en el agotamiento de fuerzas, el suave sopor de los músculos de las alas, alas que poco a poco se enredan en sí mismas, el mareo de vuelta y vuelta por el eje terrible de la rama donde no podemos posarnos, la presión de la soga alrededor del cuello que sugerente invita más bien a rendirnos que a continuar el vuelo hacia ninguna parte; todo mientras se cantan los estados del cansancio, las flores que se ven alrededor, el sol altísimo, el niño siniestro que nos observa a distancia prudente, y cantar durante el trayecto circular las estaciones de nuestro patíbulo de aire.

,En estos términos, la "falacia de la creación" equivaldría a decir que ha sido el gorrión mismo el que se echó la soga al cuello. Lo más cercano a la verdad, según mi parecer, sería asumir que la condición del canto es la cuerda; que acaso enmudeceríamos sin la bendita cuerda: seríamos inmortales. Qué severidad...

Imagen: http://2.bp.blogspot.com/_jgD3cpBo9Do/RXRaHFTTY-I/AAAAAAAAAAk/Ap0m-JXkDRs/s1600-h/Witold+Gombrowicz+COSMOS.JPG

martes, 21 de octubre de 2008

¿Mancha?

Ayer fui manchado. No sé si eso sea bueno o malo. Al parecer, para el mancha, la poesía sólo es.

lunes, 20 de octubre de 2008

Instrumental

, Mi pluma tose como caballo enfermo. En los estertores del final me m a l d i c e ; mal me dice, aunque c o n , p r e c i s i ó n, , la cifra exacta d e m , , i , , s ,, , a, c, t, o, s, . Luego, calla p , , r , a , , , s , , , m , p , r , e (De un librito que todavía no se llama y que espero terminar antes del día del juicio... ¡de Luis Echeverría!)

domingo, 19 de octubre de 2008

... y buenas razones para no hacerlo

Luego, uno lee lo que están haciendo en Chile con tan Poquita Fe y la esperanza vuelve.

De poetas y por qué deberíamos matarlos

, , Poeta, poetas, poesía, poesías, poesías completas, poema, el poema. Estas palabras son para mí lo más tenebroso. Adivine qué púdico irremediable soy; sí, me asusto con bien poco. , Me son tenebrosas más que ninguna otra palabra, tal vez por el grado de incertidumbre de su sentido. Entendamos: una palabra debería revelar, con relativa claridad, su sentido. Pero es cosa de las palabras más simples ocultar un sentido de lo menos evidente (piénsese en “vida”, “muerte”, “historia”, “amor”…) Son conglomerados de sentido más que palabras, cuyo sentido por cercano se vuelve indefinible. Todos sabemos qué es la poesía, la sensación de lo poético, vamos; sabemos también que los libros de poesía los escriben unos señores que se llaman poetas. Ya dependiendo del diccionario utilizado, poesía son ya los rengloncitos entrecortados, rimados o no, a cuyo conjunto (es decir, a la suma de varias poesías) se llama “poema”, o bien, en un juego de intercambios, poema y poesía designan la zona mínima de un texto poético. Ajá. , Pero la vieja interrogante se mantiene: ¿qué es la poesía? Si no seguimos preguntando esto a pesar de 3000 años de poesía occidental (oh, Diosa) es evidente que la pregunta acaso sólo se responda desde la práctica. Tratados sobre el tema se escriben, pero en general sobre arte y en particular sobre poesía, toda teorización cobra la forma de un sistema riguroso de lo subjetivo; una disquisición profunda sobre una cuestión absolutamente personal. Acaso la condición misma de la poesía sea su carácter irresoluble. Así de entrada, la poesía es un problema. Pero dice Lezama: sólo lo difícil es satisfactorio (¿así dice?) , La interrogante del poeta: según Keats, el poeta tiene todos los rostros, lo que equivale a decir que no tiene ninguno (acá entre paréntesis, con perdón de todos, el poeta Keats me aburre profundamente por etéreo, pero tal vez sólo soy una mala persona); según Mallarmé, poeta es el que devuelve su sentido original a las viejas palabras de la tribu --¿antropología verbal?...; según Hölderlin, el poeta es Otro; según Gombrowicz, forma parte de una ridículo club de posers, que se dedican a escribirse unos a otros y a darse premios; según Milán, hace pirámides; según los surrealistas, somos todos; según la Castellanos, no eres tú; pero yo me quedo con Platón: el poeta, perdón, el Poeta, es un Nadie a quien debiera dejarse Fuera, de quien debiéramos Cuidar a nuestros niños, Alejarles de Su Compañía: el Poeta es un autosugestionado esquizoide, enamorado de las apariencias, perjuro, porque no busca la verdad, y habríamos, vamos entendiendo esto de una vez, de prontamente colgarlos a todos (como al gorrión de Gombrowicz, esperando que se cansen de volar y acepten su frío destino) , O será que el Poeta, lo que es decir los poetas, no son tan terribles y yo soy el único que anda de pleito con ellos; o no con ellos (con algunos, sí, cómo no), sino más bien con la fanasmagórica “Institución Poeta”. , Al susodicho Poeta no puede definírsele por su ser social: ¿tienen un modelo específico de trabajo que determine su impacto social? ¿Cómo impacta su trabajo el producto interno bruto de los países? ¿Es tasable en términos económicos una obra literaria? ¿Un libro de poemas tiene un modelo claro de certificación para volverse tal? ¿Se preocupa por la responsabilidad social? Al plantear estas preguntas, entendemos claramente la desconfianza del lego cuando se encuentra un poeta por la calle: “ajá, eres poeta, ¿pero en qué trabajas?” ¿En qué medida está en contradicción lo brumoso del trabajo literario con el hecho de que México sea uno de los países que otorga más apoyos, incentivos y becas a la producción cultural? Estoy confundiendo dos cosas: 1) el poeta es a pesar de su medio; 2) el poeta es. Madres. , Estoy persuadido a partir de la lectura de Gombrowicz, de que el poeta sólo puede ser en compañía de otros poetas. Es como un elemento químico que sólo por la violencia del análisis puede separarse de su contexto natural; y esta violencia, si queremos entender qué es un poeta, no nos dice mucho, porque al aislarlo encontraremos seguramente un hombre, una persona, pues, una biografía. Raras veces una mujer :) , Lo que molesta es que en los poetas TODO sea de la más absoluta importancia, TODO sea inaplazable, o TODO sea el trasunto general de un ESTO, y en ese juego de contradicciones nos quedamos embelesados y no entendimos nada. Eso explica por ejemplo el terrible carácter de los poetas. Soportan alguna ingenuidad de los mortales de vez en cuando, pero saben que en el fondo siempre tienen la razón. Son maestros de la eurística, el arte de disfrazar un argumento para que parezca válido y total. Mienten. Son maravillosos con las señoras que asisten a escucharlos, cálidos, sensibles a sus impertinencias, y con gracia firman lo que les pongas en frente. Pero en privado confiesan terribles antinomias con mordacidad, fundan sus enconos; son la gente menos digna de confianza: siempre lo entienden todo al revés, su trabajo está en leer mal. Prestidigitan los libros que les prestas, cheques de varia procedencia, licores duros, sobre todo caros aunque no se explique uno cómo se los costean (tal vez para develar este misterio haya querido o en algún momento, ser como ellos); se introducen sustancias de todo tipo en cualquier orificio a manera de divertimento. Ríen y hablan muy fuerte, de manera que se les note. Huelen mal. Mastican las palabras como bestias, salivando retazos de sílaba por las luengas barbas o resecos y lampiños mentones (hay calaña de toda variedad). Y si se trata de una poeta, la cosa empeora, porque en algún momento la plática se convertirá en un discurso por alguna clase de reivindicación, y todos los presentes serán los acusados, primeramente, de ser hombres necios y acusar a la mujer blablabla… y luego, de no citar (en un ruso decente) en el último poemario a la Ajmátova o la Tsevaieva, o de no erigir monumentos y quemar incienso en memoria de la Plath. Algunos poetas hasta son buenas personas. Toda mi fe está en toparme alguno. , Algunos libros de poesía parecen incluso un catálogo de crímenes, la poesía debe ser el arte de la delación, de la traición al secreto, la palabra como tortura que lleva el germen de la confesión: pienso en Las flores del mal de Baudelaire, en el poema “¿Qué se ama cuando se ama?” de Gonzalo Rojas, en uno de Gelman… ah, ¿cómo se llama? Los de esa serie que se parece a los de Spoon River de Lee Masters… Joder. ¡Tienen pacto con la memoria, además de con el diablo! , Vamos, que no hay ni que escribir hoy día para ser poeta. Ahí está don Alí Chumacero, para quien es señal de inmadurez escribir poesía luego de los 40. , Creadores al fin, se creen divinos: por gracia de su santo Patrono, el milagroso niño Orfeo, dan y quitan sus dones (su amistad, por ejemplo) como si tal cosa, por desavenencia ya de forma o fondo; es bueno, parecen decir, pensar y compartir, siempre y cuando al final, yo tenga razón. ¡La historia de la literatura es una summa de destazamientos! Luego entonces, poesía y poeta son cosas (mutuamente excluyentes) que existen para saciar diversas intensidades de destrucción. , Esta enumeración mala-lechosa (que bien pudo llamarse: Haz patria, mata un poeta) es, sí una suma de discordias y decepciones del que escribe. Pero me baso en observaciones de primera mano: 3000 años de poesía no pueden estar equivocados.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Calaverita a perpetuidad

. Una estación de radio defeña ha ideado un concurso que casi llamaríamos surrealista, si no se prestara la malinterpretación del término a cualquier cosa: En México, desde hace años existe una tradición de "poesía de ocasión". Alrededor de las fiestas de Día de Muertos, 2 de noviembre, uno que otro valentón se pone a rimar para hacer calaveras literarias, composiciones generalmente rimadas, según el uso de poesía popular (que fija su ritmo a las canciones rancheras, ese bagaje involuntario de literatura "cantada") en octosílabos o prescindiendo por completo de formalidad. Por lo general son compuestas como versos de ocasión quevedescos, a próceres de la patria, figuras del espectáculo, o, piadosamente, en recuerdo de los fieles (¿les consta?) difuntos. La referida estación abre su concurso de calaveras y lo corona con un premio singular: un nicho a perpetuidad en cierto cementerio nice. Ahora sí, parece que puede comprarse un cajón para huesos a precio de verso por cm2. Y hay quien dice que la poesía no tiene uso práctico...

martes, 14 de octubre de 2008

La vida y la letra, 2

Carnicería metafísica , Aunque los libros no tengan expresamente (y qué bueno que los buenos, sobre todo, no) un caracter didáctico, uno aprende de lo que lee, y en el mejor de los casos se vuelve lo que lee. El asunto del dolor. No: el dolor no es un asunto, es la carnita pegada al hueso de vivir. Según mis últimas indagaciones metafísicas, el miedo a la muerte es el miedo al dolor de la muerte. Dice Blanchot que el suicidio es una tentativa del suicida por darse una muerte determinada, en vez de esperar a la indeterminación de la muerte natural. Esa espera es el infierno para los que no saben morir. Pero no nos pongamos tan estoicos, no es para tanto: sólo se trata de morir. ,El viejo Nietszche estaría muy de acuerdo en no darle tanta importancia a la muerte. Es lo último en lo que debemos preocuparnos. ,Creo que el miedo ante estas cosas es a la enfermedad, al dolor, a la sorpresa incómoda de la violencia. La violencia es un mal chiste. Uno que nos hace llegar tarde. ,Cuando alguien se suicida en el metro de Mexico City, pasa lo siguiente: 1) mueven el tren para retirar el cuerpo; 2) lo llevan a los baños mientras llega el forense. Pero el metro es metro, no morgue, so, el servicio se reanuda lo más pronto posible. Cuando alguien se mata en el metro, tú y yo perdemos unos veinte minutos. Llegamos tarde. ,Luego está lo sorpresivo de la enfermedad. Nadie quiere asistir a su propia agonía. Pero dicen que Rilke no quiso saber qué lo mataba, para que el nombre de su enfermedad no inteviniera, no se interpusiera entre él y su muerte. Qué huevos, me cai. ,Sentí profunda desazón al, leyendo a Rilke, sentirme profundamente aburrido. Me gustan sus cartas, su poesía, no sé. Haya que aprender alemán. Por otro lado, no siento desazón al asumir mi aburrimiento por Keats. ¿Poemas a lo abstracto? Fuck! Ya decía Baudelaire que todo es el número, la embriaguez es el número. ,El mayor dolor, para mi, tengo que es el miedo. Te paraliza nomás, si lo dejas. No digo que no se sienta, pero no esa pendejada de "está bien sentir miedo". No, no está bien. Dura mientras lo dejamos habitarnos. Se siente gacho, vamos. No está buena onda entregarse al masoquismo. No sé cómo viven los cristianos... ,Aunque por otro lado, ¿no sería lindo tener a un someone who cares? Empiezo mis oraciones d'esta manera: dios, sé que no existes, pero óyeme. (¿Cuántos gigas tendrá la bandeja de dios? Se solicitan respuestas de los geeks en turno, esto no es un monólogo). ,Elogio, que no apoteosis, del dolor: el dolor nos impide la comodidad. La comodidad anestesia, da la sobrevivencia por sentada. Y no es que los clasemedieros tengamos que preocuparnos así tan de a tiro por que nos trague un oso. Hablo de la carnicería metafísica. La del sopor, la del "preferiría no hacerlo", la acedia medieval de los escolásticos huevones que preferirían ver a dios en todas partes que hacer su obra. I mean, Su obra. Que no haya ego. ,Si nos desanestesiamos, leyendo, o yendo al mar oyendo a Coltrane, con cero yen do la mar y el tren, o yen sin tren del yeah, yeah, yeah, del cero a cien o tres punto catorce dieciseis, etc. ,Si se aceptan, por ejemplo, pero no exclusivamente, la felicidad, los dones, el orgasmo, se conviene también en aceptar el reverso incómodo, lo anti-gozoso, pues: dificultad, error, condición de lo indeterminado, incondicional. Condición: punto de partida, origen. Pero no creo en una dualidad entre la pura felicidad y todo lo que ésta, no es. No sé si creo en la pura felicidad, vamos. La he vivido entre tus piernas, y aún desconfío que sea total. Ah, el que ve a dios a los ojos y no lo reconoce. ,Desconfiar de la condición de condena, del mundo. Asumirlo como condición, la condición del mundo. Llegamos a Agamben por insospechada vía: lo irreparable, es. Ni bueno ni malo, correcto/incorrecto; sobre todo, no se opone a sí mismo. El hombre establece el principio de diferenciación, el bestiario de las dicotomías para explicarse un fenómeno continuo (Baudrillard). Haya que darle razón a los surrealistas de una vez por todas (bueno, razón no... ¿cómo decirlo? ¿Validez filosófica? ¡Vamos, que sólo los locos dicen la verdad!): el sueño instaura lo fragmentario, cortando el continuo de un tiempo que es uno, que no espera en stand-by mientras dormimos para regresar al punto en que se quedó ayer la película; al romper la barrera entre sueño y vigilia, mediante el arte, por ejemplo, se refunda un continuo experiencial, la vida retoma su consistencia. Se parte del estado de cosas, de lo que es: lo que las utopías no tomaron en cuenta. ,Esperanza del nuevo día: que todo es posible nuevamente. Ah, lágrimas de Rémy en los ojos. Debe ser el efecto secundario de dormir bien, el creer que el mundo es posible. Si uno duerme mal, bueno, escribe desencantado. ,Así visto, estamos viviendo el mismo día de la creación. Y todos tenemos razón: Siempre es hoy (Cerati)/Todos los siglos son este presente (Paz). Nada se inventó ayer, no hay ayer. Todo es hoy, todo es aquí, aquí es hoy, hoy es aquí, aquí es todo, es hoy todo, es todo es, aquí todo todo, hoy aquí es, hoy aquí todo, es aquí todo, es, todo es, aquí todo es, todo, es todo aquí, hoy todo, hoy, aquí, todo, aquí es todo, aquí, hoy es.

lunes, 6 de octubre de 2008

La vida y la letra, 1

, Abrimos el compás: en cualquier actividad humana hay un principio de corrección, de lo que puede o no puede un hombre en un trabajo; y una ética, lo que debe y no debe por ninguna razón; lo cerramos: en arte, esto es determinante; lo constreñimos: en poesía, es vital. , Hablando con una amiga artista plástica, me cuenta que pinta para sí y tal (tiene años dando un taller en Juárez). Yo le cuestioné sobre su negativa a exponer, es decir, a publicar su trabajo. No es necesario, es mío. Puntos suspensivos. Claro, ¿pero no hay como una cancelación de las posibilidades de la obra cuando se recluye? ¿Cuándo se encarcela por miedo nuestro en vez de por pudor intrínseco de sí misma? No creo que una buena obra sea pudorosa, por lo demás. Creo que puede hablar en voz baja (¡que debiera aspirar al susurro!), o callar completamente, que no es lo mismo que ocultarse, que negarse la posibilidad de ser. ¿Ser en lo oculto? No estoy seguro. , Primer plano: la obra expuesta/publicada/ejecutada, es. Es, porque entra en oposición a lo que no es, a lo que está en la nada, en lo increado, en lo imposible. Si es una obra imposible (ciertas partituras imposibles de ejecutarse de John Cage), es en latencia, esperando al virtuoso, por ejemplo, o al contrario, siendo –obra, plena de sí- simplemente como posibilidad, como silencio impreso que sabe que su ejecutante no llegará, y qué bueno. , Segundo plano: hay un mecanismo de recepción de la obra que no es claro, que no tendría por qué serlo. Dice Casar que el crítico es un lector especializado. Entiendo el sentido, pero me suena como que esa “especialización” legitimara artificialmente una función. ¿No sería mejor decir que el crítico hace posible un horizonte de disfrute? Pero pervive la imagen del crítico feroz como oficiante del principio de corrección: esto puede y debe hacerse, esto no puede, y bajo ninguna circunstancia, debe hacerse. , La institución crítica implica una toma de temperatura de una obra y lo suyo. Es la apuesta por un margen de sentido en referencia a la obra. Respuesta a ese apostar primario de la obra; réplica sin la que puede vivir la obra, pero no mejor. , Me preocupa, sobre todo en los talleres literarios o las publicaciones estudiantiles, esa como justificación sin justeza del “es que escribo para mí” o sus variantes: escribo: -desde el alma -porque sí -pero no me interesa explicarlo -pero no quiero entenderlo -pero me vale si no se entiende -pero cállate ¿Entonces qué coño hacen en un taller? ¿Por qué publican? , Hay buenas razones para publicar; hay mejores, tal vez, para no hacerlo. Desde Paz que aconseja publicar todo lo que se escriba (y predica con el ejemplo), hasta Borges, que lo ve como un fin puramente práctico: publiquemos, así no nos pasaremos la vida en correcciones. , Alguien me dejó en mi cara-libro: “ya publica buey”. ¿Qué? ¿Dónde? ¿Para qué? , Me di cuenta de que me aterra la crítica. La crítica revela: es la luz que revela la forma del monstruo. Más: el monstruo es revelación, pues todo en él está expuesto, no hay ocultamiento. Como la doctora Revueltas, pienso en Coatlicue: ¿dónde está lo hermoso de la piedra gigantesca, con todos esos dientes y víboras? Todo es evidente: órganos de vida, mismos que de destrucción. Creo que también Paz la refiere… Ok, cambio de referente. ¿Les parece dios? Bueno, dios siempre se revela. Dios no es lo evidente en términos de cercanía sensorial, de “evidenciable”, sino que su manera posible es la revelación. El “silencio” que viene como corolario a la oración cristiana, el silencio divino, la no-revelación de su potencia en favor del suplicante, se interpreta también como una respuesta divina, una revelación de la intención divina que es una anti-revelación, una revelación por ocultamiento. Ergo, dios es un monstruo. , Antes aguantaba más vara: podían decirme que mi (según yo) logradísimo poema, con un chingo de imágenes (según yo) bien acá era la cosa más pendeja que se había escrito desde que Cervantes inventó el español (me refiero a Francisco, no a Miguel); o que cuando (según yo) hablaba de algún tema trascendente, a saber dios/muerte/pájaros/pechos, en realidad estaba exponiendo las excrecencias de un profundo e infantil complejodedipo, que la verdad era más gracioso e interesante que el poema mismo. Lo que se aprende es que la palabra implica la responsabilidad por la palabra. No confío en los artistas que dicen “una vez que la obra sale de mí, ya no es mía”. Creo que lo leí en una entrevista con Mutis y me quedó zumbando. No es posible desentenderse de esa manera. ¿Vamos a recibir los premios y todas esas cosas de los aparatos culturales, pero, ah, nos negaremos a recibir de buena gana un par de puntapiés en el ego, o como dice Raúl Zurita, un escupo en plena boca, cuando lo que esperábamos era un beso? Según yo, es el mismo movimiento.