lunes, 16 de enero de 2017

Reflexiones sobre el fascismo democrático: Alain Badiou

Transcripción de la charla ofrecida por Alain Badiou el 9 de noviembre de 2016 en la Universidad de California en Los Angeles, como parte del programa de Teoría Crítica Experimental del Centro de Estudios Rusos y Europeos. (Tomada de: http://mariborchan.si/video/alain-badiou/reflections-on-the-recent-election/)

Pensaba acerca de la poesía francesa, que está en una obra de Racine, de hecho. Es una frase hermosa, hermosa. En francés: “C’était pendant l’horreur d’une profonde nuit”. En castellano: “Fue durante el horror de una profunda noche.” Tal vez Racine pensaba en la elección de Trump. Fue durante el horror de una noche profunda. Y así, se volvió una obligación para mí el hablar, el discutir, esta clase de acontecimiento, en un sentido negativo, pues es imposible para mí estar aquí frente a ustedes y hablar de algo muy interesante en términos académicos. Creo que es necesario pensar, discutir, qué ocurre durante el horror de una noche profunda, la de ayer.

Saben, para mí, pero creo que para mucha gente, ha sido, en algún sentido, una especie de sorpresa. Y nos encontramos a menudos, en esa especie de sorpresa bajo la ley de los afectos: miedo, depresión, enojo, pánico, y demás. Pero sabemos que filosóficamente, todos estos afectos no son realmente una buena reacción, puesto que de alguna manera, son demasiado afecto de cara al enemigo. Y así, me parece una necesidad pensar más allá del afecto, más allá del miedo, la depresión y demás —pensar la situación de hoy, la situación del mundo de hoy, donde algo como esto es posible, que alguien como Trump se convierta en presidente de los Estados Unidos.

Así pues, mi objetivo esta tarde es presentar, no precisamente una explicación, pero algo así como una clarificación de la posibilidad de algo como eso, y también algunas indicaciones, puestas a discusión, concernientes a lo que debemos hacer a partir de ello; lo que debemos hacer, que no está precisamente bajo la ley del afecto, del afecto negativo, sino al nivel del pensamiento, la acción, la determinación política, etcétera.

Entonces comienzo con una visión muy general, no de la situación actual de Estados Unidos, sino de la situación del mundo hoy. ¿Cómo es el mundo de hoy, donde este tipo de hechos es posible? Y creo que el punto más importante de inicio es la victoria histórica del capitalismo global. Debemos partir de cara a este hecho. De alguna manera, a partir de los 80s del siglo pasado hasta hoy —esto es, durante cuarenta años, ya casi medio siglo—, tenemos la victoria histórica del capitalismo global, por muchas razones. Primera, naturalmente, el fracaso completo de los estados socialistas (Rusia, China) y más en general el fracaso de la visión colectivista de la economía y las leyes sociales de los países. Y, este punto, no es un punto menor. Este punto es realmente un cambio no sólo en la situación objetiva del mundo actual, sino tal vez también al nivel de la subjetividad. Durante más de dos siglos, siempre existieron en la opinión pública al menos dos caminos concernientes al destino de los seres humanos. Podemos decir que, aproximadamente antes de los 80s del siglo pasado, siempre tenemos en el nivel general, en el nivel subjetivo general, dos posibilidades concernientes al destino histórico de los seres humanos. Primero, el camino del liberalismo, en su sentido clásico. Aquí, liberal tiene muchas significaciones, pero tomo liberal en su sentido primitivo, esto es, fundamentalmente que la propiedad privada es la clave de la organización social, a costa de enormes desigualdades, pero el precio es el precio. Al final, para el liberalismo, la propiedad privada debe ser la clave de la organización social. Y del otro lado, tenemos el camino socialista, el camino comunista —son palabras diferentes— en su sentido abstracto, esto es, el fin de las desigualdades debe ser el objetivo fundamental de la actividad política humana. El fin de las desigualdades incluso a costa de la revolución violenta. Así que, por un lado, la visión pacífica de la historia como continuación de algo que es muy antiguo, esto es, la propiedad privada como clave de la organización social; y por otro lado, algo nuevo, algo que probablemente comienza con la Revolución Francesa, que es la propuesta de que existe otro camino, de que de alguna manera, la continuidad de la existencia histórica de los seres humanos debe aceptar una ruptura entre una muy larga secuencia donde las desigualdades, la propiedad privada y demás son la ley de la existencia colectiva, y otra visión de qué es ese tipo de destino, donde lo más importante, de hecho, es la pregunta sobre la igualdad y la desigualdad, y este conflicto entre el liberalismo en su sentido clásico, y la nueva idea bajo distintos nombres —anarquía, comunismo, socialismo y demás— sea probablemente la gran significación del siglo XIX y de gran parte del siglo siguiente también.

Entonces, durante casi aproximadamente dos siglos, tenemos algo así como una elección estratégica, concerniente no sólo a los acontecimientos políticos locales, las obligaciones nacionales, las guerras y demás, sino concerniente a lo que sería realmente el destino histórico de los seres humanos en cuanto tales, el destino histórico de la construcción de la humanidad como tal. De algún modo, nuestra época, de los 80s a la fecha, es la época del fin aparente de esta elección. De la progresiva desaparición de ese tipo de elección. Hoy en día, de hecho, tenemos la idea dominante de que no existe elección global, de que no hay otra solución. Fueron las palabras de [Margaret] Thatcher: no hay otra solución. No hay otra solución excepto, naturalmente, el liberalismo, o el que hoy generalmente conocemos como neoliberalismo. No hay otra solución. Y este punto es muy importante porque Thatcher misma no dice que sea una solución muy buena. Ese no es el problema para ella. El problema es que es la única solución. Y entonces, vemos en la propaganda contemporánea, el punto no es decir que el capitalismo global es excelente, porque claramente no lo es. Todos lo saben. Todos saben que las monstruosas desigualdades no pueden ser la solución del destino histórico de los seres humanos —todos saben eso. Pero el argumento es, “De acuerdo, no es muy bueno, pero es la única posibilidad real.” Así pues, en mi opinión, la definición de nuestra época es la pretensión de imponer a la humanidad a escala mundial la convicción de que sólo existe un camino para la historia de los seres humanos. Y sin decir que este sea un excelente camino, que este camino sea uno muy bueno, sino diciendo que no existe otra solución, ni otro camino.

Así, podemos definir nuestro momento como el momento de una convicción primitiva de que el liberalismo —dominante en forma de propiedad privada y libre mercado— constituye el único destino posible para los seres humanos. Y también es una definición del sujeto humano. ¿Qué es, desde esta visión, un sujeto humano? Un sujeto humano es un mendigo, un consumidor, un propietario, o nada en absoluto. Esa es la definición estricta de lo que es hoy un ser humano. Entonces esa es la visión general, el problema general, y la ley general del mundo contemporáneo.

Ahora bien, ¿cuáles son los efectos políticos de todo esto, a nivel de la vida política? ¿Cuáles son las consecuencias de esta visión dominante de un mundo en donde sólo podemos hallar un camino? Todos los gobiernos deben aceptar que ese es el caso; en el mundo de hoy no podemos estar en la dirección de un Estado sin aceptar la visión de la unicidad del camino. No tenemos gobierno alguno en el mundo que diga otra cosa. ¿Y por qué? Porque, finalmente, si examinamos la posición del gobierno “socialista” francés, de la dictature [dictadura] del Partido Comunista en China, o del gobierno de los Estados Unidos, o del gobierno de Japón, de la India, todos dicen lo mismo —que el capitalismo globalizado es el único camino para la existencia de los seres humanos. Pienso que toda decisión política, a nivel de Estado, hoy, se encuentra en estricta dependencia de lo que llamo “el monstruo”: el capitalismo globalizado y sus desigualdades. De alguna manera, no es verdad que un gobierno de hoy en día sea algo libre. No es libre para nada. Se encuentra dentro de la determinación global, y debe afirmar que lo que hace se encuentra en dependencia de esta interioridad de la determinación global. Y el monstruo es más y más un monstruo. Debemos conocer la situación real en lo concerniente a las desigualdades. Tenemos el fenómeno fundamental de la concentración del capital; la concentración del capital hoy en día es algo extraordinario. Debemos saber que hoy, 264 personas tienen como propiedad el equivalente a 3 mil millones del de otras personas. Es mucho más que en la existencia primitiva de las monarquías y demás. La desigualdad de hoy es mucho más importante que en cualquier otra situación en la historia de los seres humanos. Así que ese tipo de monstruo histórico que es también el único camino de existencia de la humanidad se encuentra realmente en la dinámica de mayores y mayores desigualdades, y en absoluto de más y más libertad.

Y la posición del Estado hoy es la misma en todas partes. Es ley aceptada por el gobierno francés, por el Partido Comunista chino, por el poder de Putin en Rusia, por el Estado Islámico en Siria, y naturalmente es también la ley del presidente de los Estados Unidos. Así que, progresivamente —y esta es la consecuencia más importante en lo que concierne a la elección de Trump— progresivamente, toda la oligarquía política, toda la clase política, se vuelve el mismo grupo, a nivel del mundo mismo. Un grupo de gente que sólo está dividida en un nivel abstracto: republicanos y demócratas, socialistas y liberales, izquierda y derecha, y demás. Todas esas supuestas divisiones de hoy son puramente abstractas y no reales, porque todo ello ocurre en el mismo trasfondo económico y político. Esta oligarquía política de hoy en el mundo occidental está perdiendo progresivamente el control de la maquinaria capitalista —esa es la realidad. A través de crisis, falsas soluciones, todos los gobiernos políticamente clásicos crean, a gran escala, en su propia gente, frustración, malentendidos, enojo, y oscuros levantamientos. Todo esto dirigido en contra del único camino propuesto por todos los miembros de la clase política actual, con algunas diferencias, con algunas pequeñas diferencias. El ejercicio de la política actual es el ejercicio de unas muy pequeñas diferencias dentro del mismo camino global. Pero todo esto tiene muchos efectos en la gente en general; efectos de desorientación, total ausencia de orientación o dirección de vida, falta de visión estratégica del futuro de la humanidad, y en ese tipo de situación una gran parte de la gente busca en la oscuridad por el lado de las falsas novedades, visiones irracionales, retorno a tradiciones muertas, y demás. Así que, de cara a la oligarquía política, tenemos la aparición de nuevos tipos de activistas, nuevos soportes de demagogia violenta y vulgar, y estos fulanos se parecen más a los gángsters y a la mafia que a los políticos educados. Y así la elección aquí ha tenido lugar entre este tipo de fulano y el resto de políticos educados, y el resultado ha sido la elección legal de una nueva forma de vulgaridad política y algo subjetivamente violento en la propuesta política.

De algún modo, esta nueva figura política —Trump, pero muchos otros también— está cerca de los fascistas de los 30s. Hay algo similar. Mas, ay, sin sus fuertes enemigos de los 30s, que eran los partidos comunistas. Es una suerte de fascismo democrático, es decir, están dentro del plano democrático, dentro del dispositivo democrático, pero tocan algo distinto, otra música, en ese contexto. Y, me parece que no es el único caso aquí, con Donald Trump —racista, machista, violento, y también (la cual es una característica fascista) sin ninguna consideración por la lógica ni la racionalidad; porque el discurso, el modo de hablar de ese tipo de fascismo democrático es precisamente una suerte de dislocación del lenguaje, una suerte de posibilidad de no decir nada, y lo contrario de nada —no hay problema, el lenguaje no es el lenguaje de la explicación, sino un lenguaje para crear algunos afectos; es un lenguaje afectivo que crea una falsa unidad, aunque una unidad práctica. Así pues, tenemos eso con Donald Trump, pero ha sido el caso antes en Italia con [Silvio] Berlusconi. Berlusconi puede ser, me parece, el primer personaje de esta suerte de nuevo fascismo democrático, exactamente con las mismas características: vulgaridad, una especie de relación patológica con las mujeres, y la posibilidad de decir y hacer, públicamente, algunas cosas que son inaceptables para la mayor parte de los seres humanos hoy en día. Pero también era el caso con [Viktor] Orbán en Hungría hoy, y a mi parecer, en Francia, ha sido el caso con [Nicolas] Sarkozy. Y es progresivamente el caso en India o en Filipinas, e incluso en Polonia o en Turquía. Así que realmente es, a escala mundial, la aparición de una nueva figura de determinación política, la cual es una figura que a menudo está dentro de la constitución democrática pero la cual también, de algún modo, está fuera. Y me parece que podemos llamarlos fascistas —porque era el caso en los treintas; después de todo, Hitler también salió victorioso en elecciones— así que llamo fascista a esta clase de fulano que se encuentra dentro del escenario democrático, pero también de alguna manera afuera: adentro y afuera. Y adentro para finalmente estar afuera. Así que se trata realmente de una novedad, pero una novedad que se inscribe dentro del panorama general del mundo actual porque también es algo para mucha gente —no una solución sino una nueva actitud de estar en el escenario democrático, la cual, desde el lado de la oligarquía clásica, no presenta diferencia alguna. De algún modo, el efecto principal de Trump es el efecto de algo nuevo. De hecho, en los detalles, no hay nada nuevo, pues es imposible pensar que es nuevo el ser racista, machista, y demás —cosas muy viejas, cosas muy viejas. Pero en el contexto de la oligarquía clásica actual, estas cosas tan viejas parecen ser algo nuevo. Así pues, Trump está en la posición de decir que la novedad es “Trump”, en el momento en que dice cosas que son absolutamente primitivas y absolutamente viejas, anticuadas. Y así, estamos también en la época donde algo como un retorno a la vieja existencia de algo puede aparecer como nuevo. Y esta conversión de lo nuevo en lo viejo es también característica de esta especie de nuevo fascismo.

Todo esto describe, me parece, nuestra situación presente al nivel político. Debemos considerar que nos encontramos entre la dialéctica fatal de cuatro condiciones.

Primera, la completa brutalidad y violencia ciega del capitalismo de hoy. De acuerdo, en el mundo occidental no estamos viendo por completo esta brutalidad o violencia, pero si estás en África, observas eso, en verdad, y si estás en el Medio Oriente también, y finalmente si estás en Asia también. Así que es una condición, una condición fundamental de nuestro mundo actual. Es el regreso del capitalismo a su sentido más propio, es decir, la conquista salvaje, la lucha salvaje de todos contra todos, en pos de la dominación. Entonces, completa brutalidad y violencia sangrienta del capitalismo salvaje de hoy: la primera condición.

Segunda condición: la descomposición de la oligarquía política clásica. Los partidos clásicos —demócrata, republicano, socialista, et al.— descomposición en la dirección, finalmente, de la aparición de una especie de nuevo fascismo. No conocemos el futuro de esa especie de aparición: ¿cuál es el futuro de Trump? De algún modo, no lo sabemos, en verdad, y tal vez Trump no sepa su propio destino. Pudimos verlo anoche. Tenemos al Trump antes del poder y el Trump en el poder, el cual de algún modo está asustado; no completamente satisfecho, porque sabe que no puede hablar con tanta libertad como antes. Y hablar libremente era exactamente la potencia de Trump, pero ahora con el gobierno, la administración, el ejército, los economistas, los banqueros y demás, es otra historia. Y así, hemos visto durante la noche a Trump pasar de un escenario a otro escenario, de un teatro a otro teatro; y en el segundo teatro no era tan bueno, no era tan bueno como antes. Pero no sabemos, en verdad, no sabemos cuál es la posibilidad real de ese tipo de fulanos cuando se vuelven presidente de los Estados Unidos. En cualquier caso, tenemos un símbolo de la descomposición de la oligarquía política clásica, y el nacimiento de una nueva figura, de un nuevo fascismo, con un futuro que no conocemos, pero creo que ciertamente no es un futuro muy interesante para la gente en general.

Tercera, tenemos la frustración popular, la sensación de un oscuro desorden, en la opinión pública de muchos, y principalmente de los pobres, la gente de los estados de provincia, los campesinos de muchos países, y también de los trabajadores sin empleo, y demás —toda esa población, la cual es reducida progresivamente por la brutalidad del capitalismo contemporáneo, a nada en absoluto, quienes no tienen existencia posible, y quienes permanecen, en algunos lugares, sin trabajos, sin dinero, sin orientación, sin orientación existencial. Y este punto es la tercera y muy importante condición de la situación global hoy. La falta de orientación, de estabilidad, la sensación de destrucción de su mundo, sin la construcción de otro mundo; una especie de destrucción vacía.

Y la última condición, la cuarta condición, es la falta, la completa falta de otro camino estratégico; la ausencia, hoy, de otro camino estratégico. Existen muchas experiencias políticas —no digo que no exista nada de este lado. Nos enteramos de nuevas luchas, nuevas ocupaciones de lugares, nuevas movilizaciones, nuevas determinaciones ecológicas y demás. Así que no se trata de la ausencia de toda forma de resistencia, de protesta —no, no estoy diciendo eso. Sino la falta de otro camino estratégico, es decir, algo que esté en el mismo nivel que la convicción contemporánea de que el capitalismo es el único camino posible. La falta de fuerza de la afirmación de otro camino. Y la falta de lo que yo llamo una Idea, una gran Idea. Una gran Idea la cual es la posibilidad de unificación, unificación global, unificación estratégica de todas las formas de resistencia e invención. Una Idea es una especie de mediación entre el sujeto individual y el colectivo histórico y la tarea política, y es la posibilidad de acción transversal y con muchas subjetividades diferentes, pero bajo la misma Idea en cierto modo.

Estos cuatro puntos —la dominación estratégica y general del capitalismo globalizado, la descomposición de la oligarquía política clásica, la desorientación y frustración popular, y la falta de otro camino estratégico— componen en mi opinión la crisis de hoy. Podemos definir el mundo contemporáneo en términos de una crisis global la cual no es reducible a la crisis económica de los últimos años, la cual es mucho más, me parece, una crisis subjetiva, porque el destino de los seres humanos es cada vez más incierto para sí mismos.

Después de esto, ¿qué hacer? La pregunta de Lenin. Creo que en lo que respecta a la actual elección presidencial, la elección de Trump, pienso que debemos afirmar que una razón para el éxito de Trump es que la verdadera contradicción de hoy, la real contradicción hoy, la más importante contradicción, no puede estar entre dos formas del mismo mundo. El mundo del capitalismo globalizado, de guerras imperialistas, y de la falta de cualquier Idea concerniente al destino de los seres humanos. Sé que Hillary Clinton y Donald Trump son muy diferentes —no digo que debamos identificar a Trump y Hillary Clinton— pero esta diferencia, que es importante… existe un nivel donde esta diferencia, es la diferencia entre el nuevo fascismo y la vieja oligarquía política —esa es la diferencia— (y toda oligarquía política es menos horrible que el nuevo fascismo, así que entiendo perfectamente que al final prefiramos a Hillary Clinton) pero no podemos olvidar que en cierto sentido esta diferencia se encuentra al interior del mismo mundo. No es la expresión de dos visiones estratégicamente distintas del mundo. Y pienso que el éxito de Trump es posible sólo porque la verdadera contradicción del mundo no puede expresarse, no puede ser simbolizada, por la oposición entre Hillary Clinton y Trump, porque Hillary Clinton y Trump están en el mismo mundo —muy distintos, pero muy distintos en el mismo mundo. De hecho, durante toda la preparación de la elección, durante las [elecciones] primarias, la verdadera contradicción, en mi opinión, ha sido entre Trump y Bernie Sanders. Era una verdadera contradicción. Podemos pensar lo que queramos con respecto a los dos términos de esta contradicción. Podemos decir que tal vez Trump es algo excesivo, que está del lado de un nuevo fascismo y demás, y podemos decir que Bernie Sanders es algo que de alguna forma es de naturaleza socialista, finalmente, Bernie Sanders debe pasarse del lado de Clinton y demás y demás, pero pienso que en el nivel de la simbolización, que es tan importante, la verdadera contradicción de nuestro mundo fue simbolizada por la oposición de Trump y Bernie Sanders, y no por la oposición de Trump y Hillary Clinton, porque tenemos que en Bernie Sanders, en la propuesta de Bernie Sanders, hay algo, algunos puntos que están más allá del mundo como es. Y no tenemos nada parecido en la propuesta de Hillary Clinton. Así, tenemos una lección de dialéctica; es decir, la teoría de las contradicciones. En cierto modo, la contradicción entre Hillary Clinton y Trump era una contradicción relativa y no absoluta; es decir, una contradicción en los mismos parámetros, en la misma construcción del mundo. Pero la contradiccion entre Bernie Sanders y Trump era, de hecho, el principio de la posibilidad de una verdadera contradicción; es decir, una contradicción con el mundo y con algo que se encuentra más allá del mundo. En cierto sentido, Trump estaba realmente del lado de la subjetividad popular oscura y reactiva, dentro del mundo como es, pero Bernie Sanders estaba del lado de la subjetividad popular racional, activa y clara, orientada más allá del mundo como es, incluso dentro de algo que no era claro —no era claro, pero estaba más allá del mundo como es.

Así que el resultado de la elección es de naturaleza conservadora, es puramente conservadora, porque es el resultado de una falta contradicción, en cierto sentido, una contradicción que no es una verdadera contradicción, y que es también, a través de esta elección, la continuación de la crisis de hoy, la crisis de las cuatro condiciones que expliqué anteriormente. Hoy, contra Trump, no podemos desear a Clinton, ni a nadie del mismo tipo. Debemos crear un retorno, si esto fuera posible, a la verdadera contradicción; es la lección de este tipo de acontecimiento terrible. Es decir, debemos proponer una orientación política que vaya más allá del mundo como es, incluso si es, en un principio, de carácter poco claro. Cuando comenzamos algo, no conocemos el desarrollo completo. Pero debemos comenzar. Debemos comenzar, ese es el punto. Luego de Trump, debemos comenzar. No es solamente resistir, negarse y demás. Debemos comenzar algo, en verdad, y esta pregunta por el principio es el principio del retorno a la verdadera contradicción, a la elección real, a la elección estratégica real que concierne a la orientación de los seres humanos. Debemos reconstruir la idea de que en contra de las desigualdades monstruosas del capitalismo presente, en contra también de los gángsters de la política clásica, como Trump, es posible crear, una vez más, un campo político a partir de dos orientaciones estratégicas, y no sólo de una. El retorno de algo que ha sido ocasión de grandes movilizaciones políticas en el siglo XIX y a principios del siglo pasado. Debemos —si es que puedo decirlo en su carácter filosófico—, debemos ir más allá del Uno, en la dirección del Dos. No de una orientación, sino de dos orientaciones. La creación de un nuevo retorno a una nueva elección fundamental es la esencia misma de la política. De hecho, si solamente existe un camino estratégico, la política desaparece progresivamente, y de algún modo, Trump es el símbolo de ese tipo de desaparición, porque, ¿cuál es la política de Trump? Nadie lo sabe. Es algo así como un personaje, no una política. Así que el retorno a la política es necesariamente el retorno a la existencia de una elección real. Así que, finalmente, al nivel de las generalidades filosóficas, es el retorno dialéctico al Dos real más allá del Uno, y podemos proponer algunos nombres para ese tipo de retorno.

Como saben, mi visión es proponer la palabra corrupta “Comunismo” —corrupta, ya lo saben, por las experiencias sangrientas y demás. El nombre es sólo un nombre, así que somos libres de proponer otros nombres, no hay problema. Pero tenemos algo interesante en el significado primitivo de esta palabra vieja y corrupta. Y este significado se compone, de hecho, de cuatro puntos, cuatro principios, y este tipo de principios pueden ser de ayuda para la creación de un nuevo campo político con dos orientaciones estratégicas.

El primer punto es que no es necesario que la clave para la organización social sea la propiedad privada y las desigualdades monstruosas. No es una necesidad. Debemos afirmar que no es una necesidad. Y podemos organizar experiencias limitadas que demuestren que no es una necesidad, que no es cierto que la propiedad privada y las desigualdades monstruosas deban ser para siempre la ley del porvenir de la humanidad. Es el primer punto.

El segundo punto es que no es una necesidad que los trabajadores sean separados por un lado en el trabajo noble —como la creación intelectual, o dirección, o gobierno— y, por el otro lado, el trabajo manual y la común existencia material. Así que la especialización de la etiqueta no es una ley eterna, y especialmente la oposición entre trabajo intelectual y trabajo manual debe ser borrada en el largo plazo. Es el segundo principio.

El tercero es que no es una necesidad que los seres humanos sean separados por fronteras nacionales, raciales, religiosas o sexuales. La igualdad debe existir a pesar de las diferencias, de manera que las diferencias no sean un obstáculo para la igualdad. La igualdad debe ser una dialéctica de la diferencia misma, y debemos rehusarnos a que en nombre de las diferencias, la igualdad sea imposible. Así que, fronteras, rechazo del Otro, en cualquier forma, todo eso debe desaparecer. No es una ley natural.

Y el último principio es que no es necesaria la existencia de un Estado, en la forma de un poder armado y separado.

Así podemos resumir estos cuatro puntos: colectivismo en vez de propiedad privada; trabajador polimorfo en contra de la especialización; universalismo concreto contra identidades cerradas; y asociación libre en vez de Estado. Solamente es un principio, no es un programa. Pero a partir de este principio podemos juzgar todos los programas políticos, decisiones, partidos, ideas, desde el punto de vista de estos cuatro principios. Toman una decisión: ¿esta decisión va en la dirección de los cuatro principios o no? Los principios son un protocolo de juicio con respecto a todas las decisiones, ideas, propuestas. Si una decisión, una propuesta, va en dirección de los cuatro principios, podemos decir que es buena, podemos examinar si es posible y demás. Si claramente va en contra de los principios, es una mala decisión, una mala idea, un mal programa. Así que tenemos un principio de juicio en el campo político y en la construcción de un nuevo proyecto estratégico. Esta es de algún modo la posibilidad de tener una visión verdadera de lo que va realmente en la nueva dirección, la nueva dirección estratégica de la humanidad en cuanto tal.


Bernie Sanders propone construir un nuevo grupo político, bajo el título “Nuestra Revolución.” El éxito de Trump debe abrir una nueva oportunidad para ese tipo de ideas. Podemos confiar en él por lo pronto, podemos juzgar si realmente es una propuesta que va más allá del mundo presente, podemos juzgar si algo propuesto está en conformidad con los cuatro principios. Podemos hacer algo. Y debemos hacerlo, porque si no hacemos nada, nos quedamos solamente en la fascinación, la estupidez de la fascinación, el triunfo depresivo de Trump. Nuestra revolución —por qué no— contra su reacción, nuestra revolución, es una buena idea. En cualquier caso, estoy de este lado.

Versión de Javier Raya

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